4.4 Platform Agnostic Framework
4.5.5 The XYNetwork Platform
intercam bio y ha estad o con tro lad o p o r las flotas bizantinas, de m odo que los p o d eres establecidos en Q ayraw án se ven forzados a in teresarse po r él. Las re la ciones e n tre las ciudades com erciantes del antiguo ducado de N ápoles (la propia N ápoles, G a e ta y A m alfi) y la costa africana se m an tien en de m an era sostenida incluso d espués de la conquista m usulm ana la cual, com o hem os visto, estim uló p ro b ab lem en te ciertos tráficos com o la tra ta de esclavos. P or su p a rte , los agla- bíes de T ú n ez tratan de no p e rd e r o p o rtu n id ad alguna de p articip ar en em presas qu e podrían escapárseles y, p o r ello, tom an la iniciativa de una operación de
djih á d t la conquista de Sicilia, q u e se inicia en el año 827. No o b stan te, incluso
d u ran te el em irato aglabí, los centros urb an o s y las regiones del in terio r com o M ila, L aribus, Sbíba, el Z áb , el N afzáw a ad q u ieren ta n ta im portancia en el e q u i librio g eneral del país com o los cen tro s costeros de T ú n ez o Süsa. C iudades m a rítim as com o G abes o Trípoli d eben su peso a ser e tap a s o m etas de las caravanas terrestres p ro ced en tes de E gipto m ás qu e a su condición de p uertos.
C iudades caravaneras im p o rtan tes son, tam b ién , T a h e rt (fundada en el año 761) y, sobre to d o , Sidjilm ása (757), gran cen tro com ercial situado en el lím ite del S áhara O ccidental. Son etap a s en las rutas que recorren el M agrib en d irec ción este-o este y, sobre to d o , p untos de p artid a de un tráfico im portantísim o con el Á frica negra a través del desierto , consistente en la exportación de sal y p ro ductos m anufacturados y en la im portación de esclavos y, sobre to d o , de oro. E ste com ercio d esarrolla o tras ciudades del sur de M arruecos com o A gm át o T am d u lt, ciudad esta últim a fundada p o r un em ir idrisí en el siglo ix. A sim ism o contribuye a explicar la im portancia de las ciudades situadas al b o rd e del d esier to , d u ra n te el em irato aglabí, o sea de T ozeur en la Q astiliya y de T u b n a en el Z áb . P ero conocem os muy mal la cronología del desarrollo de este com ercio, co n tro lad o e n te ra m e n te po r los b ereb eres járidjíes del em irato de T ah ert. P arece, en p articu lar, que el papel de Sidjilm ása no fue p re p o n d e ra n te hasta el siglo x cuando los fatim íes exten d iero n su control al co n ju n to del M agrib y red u jero n T a h e rt, hasta entonces uno de los polos principales de este tráfico, al papel de sim ple e tap a en la ru ta este-oeste. O tro sector anim ado po r intercam bios co m er ciales que tam poco conocem os bien es 1? fro n tera en tre el im perio carolingio y los E stad o s surgidos de su desm em bración. Las ciudades de la M arca S uperior (Z arag o za, H uesca y L érida) ven p asar po r ellas a com erciantes judíos, y p ro b a b lem en te tam bién a m ozárabes, que se dirigen a los países de los francos p o r una p arte a través de B arcelona y, por o tra , por Pam plona y los Pirineos occidentales, p ara volver con esclavos blancos (saqálibá), pieles y, tal vez, arm as.
Pero los com erciantes extranjeros penetran am pliam ente en el Islam
Las «fachadas» del im perio, si bien m anifiestan el espíritu de iniciativa de los m ercaderes m usulm anes y la audacia de los m arinos, no revelan en m odo alguno la superioridad com ercial del m undo islám ico. P o n en , sim plem ente, en co n tacto unos círculos de com erciantes q u e buscan los pro d u cto s reclam ados po r el co n su m o aristocrático con o tro s círculos de m ercad eres capaces de ten er iniciativas. Si los m usulm anes p en etran am pliam ente en la In d ia, Insulindia, Indochina y C hina y si exploran franjas de Á frica y Siberia p ara co m p rar, se en cu en tran p ráctica
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m ente ausentes del Im perio B izantino, qu e agrupa a los escasos visitantes en fac torías som etidas a una vigilancia estricta, e ignoran to talm en te a la E u ro p a O cci den tal. P or el co n trario , la preocupación qu e sienten las capitales califales por conseguir sum inistros incita al im perio m usulm án a ab rir sus fro n teras a los m e r caderes ex tran jero s, p erten ecien tes a g rupos m arginales d en tro de sociedades m e nos desarrolladas y m enos u rbanizadas y a grupos m óviles cuya actividad no sirva en m odo alguno los intereses políticos de los grandes estados enem igos, B izancio y los jazares. E stos m ercaderes se desplazan d en tro del m undo del Islam bajo la vigilancia del «contraespionaje» de los «señores» del correo (baríd).
Será precisam ente un señ o r del c o rreo , Ibn Ju rd ád h b ih (en el año 870 era responsable de la oficina cen tral), quien nos deje una descripción precisa de las rutas que utilizaban dos de estos grupos. Si bien los itinerarios resu ltan , en algu nos p untos, inverosím iles e inciertos, es indudable el valor que .tiene este testim o nio en su conjunto. A segura q u e, sin d u d a hacia el año 840 (Ibn Ju rd ád h b ih e m pieza a escribir en 844), un grupo p e n e tra b a en el m undo del Islam , m ientras que se au to rizab a a o tro a atravesarlo en su istm o central con la finalidad de llegar al O céano índico. El p rim er m ovim iento lleva, en efecto, a los m ercaderes rusos, de raza eslava, desde las «regiones m ás rem otas» (precisam ente las de los cazad o res de la taiga y de la tu n d ra) hacia el m ar C aspio a través del D o n , el V olga y la capital de los Jazares. A traviesan el C aspio y desem barcan en la costa del D jurdján desde d o n d e se dirigen, po r carav an a, hasta B agdad y allí unos eunucos eslavos les sirven de in térp re tes. O tro s m ercaderes van a Bizancio po r el D n iép er y el m ar N egro. T odos venden pieles, esclavos (p alab ra que deriva etim ológica m ente de eslavo) y arm as francas (espadas fabricadas con técnicas su p erio res), así com o sus propios servicios. E stos rusos no hacen, ev id en tem en te, más que pro lo n g ar el am plio m ovim iento hacia el este de los varegos. Se tra ta , sin d u d a, de eslavos conducidos p o r escandinavos e Ibn Ju rd ád h b ih precisa que son cristia nos. E n o tras circunstancias el itin erario d ejará de ser com ercial para convertirse en ru ta de invasión: e n tre los años 864 y 884, y m ás tard e en el año 909, en 913, en 943, en 969, y en 1030-1032 los rusos fran q u earán el C áucaso o atrav esarán el C aspio para atac ar el T ab aristán y el A d h arb ay d ján , llegando a o cu p ar la cap i tal de este últim o. C om o puede verse, el com ercio resulta inseparable del pillaje. P uede observarse que los pueblos turcos del V olga, jazares y búlgaros (estos ú l tim os acu ñ aro n , no o b sta n te , m onedas b astan te ab u n d an te s que im itaban las m u sulm anas) no d esem p eñ aro n el papel de interm ed iario s que la geografía parecía reservarles. E ste gran m ovim iento de hom b res en com pañía de sus m ercancías atestigua la irregularidad de las transacciones y su carácter ru d im en tario lo que está de acu erd o , a fin de cu en tas, con los altos precios que se pagan.
El m ovim iento de los judíos «rádháníes» constituye un tem a m ás im p o rtan te y m uchos m ás discutido p o r los h isto riad o res, que han llegado a negar la mism a au ten ticid ad del tex to , convirtiéndose en el núcleo central de un d e b a te . D u ran te m ucho tiem po se ha q u erid o ver en el re la to de Ibn Ju rd ád h b ih la p ru eb a de la especialización com ercial de la com unidad ju d ía y, en fecha m ás recien te, la de su suprem acía en unas ru tas que estab an ab iertas a todos. A m bas posturas d eben descartarse y, si bien hay q u e a cep tar q u e ciertos detalles del itinerario indicado por Ibn Ju rd ád h b ih provienen de una «contam inación» con o tras ru tas, en co n ju n to debe adm itirse que revela un episodio breve p ero significativo. E stos m e r
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cad eres ju d ío s, políglotas (hab lan p ersa, griego, árab e y las lenguas francas, esp a ñolas y eslavas) traen de O ccidente eu n u co s, esclavas, m uchachos, seda, pieles y espadas. Se em b arcan en el país de los francos, en el m ar occidental (q u ed a, p o r ta n to , excluida N arb o n a y d eb e tra ta rse de uno de los p u erto s oceánicos del im perio carolingio), fran q u ean el istm o de Suez e n tre F arám a (la esclusa) y Q ulzum (S uez), llegan a los p u erto s d e la península arábiga, al-D jark y D jidda y, final m en te, a la In d ia y la C hina. E l regreso, en este p rim er itin erario , lo efectúan siguiendo el m ism o cam ino, provistos d e especias y plantas arom áticas. U na v a rian te pasa po r A n tio q u ía y llega al É u frates, a B agdad y al p u e rto de U bulla p ara acab ar en las mism as regiones del E x trem o O rien te. U na tercera ru ta p arte d e al-A n d alu s y del país de los francos y pasa p o r T án g er, el Sús, Ifriqiya, E gipto y Siria. F in alm en te, la cu arta ru ta , avanza «por d etrás de Bizancio» y p o r el país de los eslavos, llega a la capital d e los jazares y p e n e tra en el m undo islám ico p o r el D ju rd ján . A través de Balj y la F argána, llega a C hina.
E s p ro b ab le que Ibn Ju rd ád h b ih haya un id o , en su descripción de las rutas rád h án íes, varios segm entos de itinerarios q u e, en un principio, eran in d ep en dientes. El paso po r M arruecos y T ú n ez parece, de m an era particu lar, h ab er sido añ ad id o p ara co m p letar y no se relaciona con el co njunto. M uchos o tro s ele m e n tos, en cam bio, concuerdan p erfectam en te con inform aciones que tenem os docu m en tad as p o r o tras fuentes. H acia el añ o 825 Luis el Piadoso concedió privilegios com erciales a unos m ercad eres judíos llam ados D o n a to , S am uel, A b rah am de Z arag o za, D avid y Jo sé de Lyon y, de form a p aralela, según Ibn Ju rd ád h b ih los rád h án íes regresaron «junto al rey de los francos». El hecho d e q u e no se m encio ne A lejan d ría en el itin erario se co rresp o n d e con la e ta p a en la qu e este p u erto q u ed ó relegado p o r ser la sede de una república de corsarios. El paso de una ru ta «por d etrás de Bizancio» se e n c u en tra confirm ado p o r la existencia d e una hilera de teso ro s —en su m ayoría algo m ás tard ío s, del siglo x , que contienen m onedas sám áníes y b ú lg a ra s— en G alitzia y B ohem ia. E n el año 973 el andalusí al-T urtúshi e n co n tró , en M aguncia, especias indias y dirh em es sám áníes fechados en el perio d o 913-915, lo q u e constituye un buen indicio de la existencia de esta ru ta. Q u ed a aún una d uda acerca d e la a p e rtu ra precoz del m ar R ojo y, d e m a n era p articu lar, que ésta resu ltara accesible a grupos m inoritarios com o los ju díos: observem os, sim plem ente, que en el añ o 950 B uzurg en cu en tra en el o céano índico a un m ercad er ju d ío , un dhim m í, que disfru tab a de la «paz califal» m ucho a n tes qu e los com erciantes de la G enizá. P u ed e, p o r ta n to , considerarse q u e los itinerarios son verosím iles así com o acep tar la lista de pro d u cto s m encionados. Sólo q u ed a p o r identificar q uiénes son los rádháníes.
E n ellos se ha querid o ver a ju d ío s o riundos del m undo m usulm án ya q u e R ád h án es el n o m b re de un d istrito del Saw ád, situado al este del Tigris. E sta etim ología resu lta decisiva y deb e d escartarse la q u e recurría al persa R ah -d ar ( ‘el q u e conoce los cam inos1) o la q u e , de m an era fantástica, p re te n d e relacio n ar a los rád h án íes con el R hod a n u s o R ó d an o . P ero el texto atestigua de m an era explícita el cará c te r e u ro p e o de estos m ercad eres judíos q u e ap arecen com o «ju díos del rey». N o o b sta n te , si aceptam os que este com ercio a v en tu rero y m arginal tiene un carácter particu lar y que establece una relación azarosa y a trev id a (a u n que se efectú e con suficiente regularidad com o p ara que el señ o r del co rreo llam e la atención sobre ella a los secretarios del m o n arca), p u ed e concebirse que un
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nom bre de origen iraquí, con el q u e se designe una fam ilia o u n a p eq u eñ a com u nidad, hay sido conservado p o r un g ru p o inm igrado o englo b ad o p o r lá conquista en el im perio franco. E ste gru p o p u d o co n serv ar el uso del árab e y del persa (indicio rev elad o r de la verosim ilitud d e la hipótesis) y ap ro v ech ar su carácter de bisagra o p u en te y de la indefinición de su e sta tu to jurídico p ara lanzar o p e ra c io nes com erciales q u e resultan in au d itas d esd e un p u n to de vista com ercial pero q u e, sin duda y tal com o hem os visto, e ra n bastan te n orm ales p ara los m ercad e res del D á r al-Islám . P uede p en sarse, e v id en tem en te, en los judíos de N arb o n a, reconquistada po r C arlom agno, cuyo prestigio se m antuvo muy alto en los siglos sucesivos p ero n ad a lo confirm a y las relaciones d e los rádháníes con E sp añ a p u e den explicarse m ed ian te el itin erario oceánico, m encionado p o r Ibn Ju rd á d h b ih , q u e p asaba p o r G ib raltar. P ero , en su co n ju n to , la R á d h á n iyya , que no tuvo su cesores, c o rresp o n d e a la expansión del im perio carolingio. Se extingue con la crisis —invasiones n o rm an d as y rean u d ació n de la ofensiva m usulm ana hacia la Provenza — p ero anuncia en gran m edida las características del gran com ercio del siglo x i: papel de las m inorías y del m a r R ojo y desarro llo d e las rutas sám&níes hacia la India.
Elaboración de un m odelo de sociedad
El m un d o cab b ásí nos aparece com o el h e re d e ro d irecto del D á r al-Islám om e- ya. La estru ctu ra del m undo antiguo se e n c u en tra aú n en pie, la capital absorbe las disponibilidades m on etarias q u e p ro p o rcio n a un a p a ra to fiscal eficaz, el p o d er p erm an ece indiscutible, ta n to el del E stad o com o el de su clase adm inistrativa, principa] beneficiaría de la redistribución social del im puesto, p ero capaz tam bién de asp irar, com o p o r cap ilarid ad , la fo rtu n a y el prestigio de las viejas a risto cra cias transm itidas p o r h erencia fam iliar o surgidas de la g u erra. U n a lista cerrad a y je ra rq u iz a d a , bien d elim itad a p o r la m em oria de los síndicos de las fam ilias p ri vilegiadas, p e ro provista de una a p e rtu ra q u e p erm ite el ascenso de los esclavos m ed ian te el p aren tesco adoptivo. Las luchas de facciones en el seno de los e s tra tos m ás ab ierto s y m ás cam biantes de esta clase privilegiada expresan las ten sio nes para lograr el p o d e r, o sea la fo rtu n a. La dislocación del ejército árab e y de su aristocracia de grandes linajes deja q u e com pitan e n tre sí letrad o s y oficiales. E stos dos grupos están co n stituidos, p o r una p a rte , p o r los técnicos de la belleza del lenguaje y de la caligrafía y po r los ad m in istrad o res fiscales distinguidos y, p o r o tra , p o r profesionales am biciosos nacidos en las capas sociales m ás m o d es tas, m ás rem o tas, y en los lugares m ás m iserables: se tra ta , en últim o térm in o , de los esclavos turcos y jazares. La com p eten cia y los conflictos no o p o n e n , sin em b arg o , a los grupos sociales sino a las facciones, que son alianzas m óviles y m om entáneas.
El p ueblo m usulm án, ah o ra só lid am en te constituido gracias a la conversión masiva y la aculturación de las m inorías, unificado p o r la circulación d e la e n se ñanza y su norm alización, parece excluido d e la vida política, d o m in ad a p o r la autocracia califal y p o r el p o d e r real d e las cam arillas, así com o tam bién d el p o d er económ ico. C ab e im aginarse u n a vida social d u ram en te som etida a la p irám i de de las clientelas, ag ru p ad as en to rn o a las grandes fo rtu n as d e la ad m in istra