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4.3 Machine Oriented Programming

4.3.4 Machine Life Cycle

gado el Islam m edieval, constituye, p o r sí solo, una p ru eb a de la am plitud de m edios y de la fuerza política y económ ica de los em ires om eyas qu e se refugia­ ron en E sp añ a tras la m atanza del 750. P ara los viajeros árab es, C ó rd o b a es la única rival posible de B agdad. La célebre «revuelta del arrabal» del 818 m uestra la extensión, ya considerable en esta época, que han adquirido los barrios p o p u ­ lares situados frente a la antigua ciudad ro m an a, al o tro lado del G uadalquivir. H ab rá que e sp erar, no o b sta n te , a la p rim era m itad del siglo x , bajo el califato, p ara que C ó rd o b a, com o Q ayraw án, se vea su p erad a po r una ciudad principesca, M adinat a l-Z a h rá 3.

E stas ciudades o, al m enos, las m ás notables de e n tre el Ins. se convierten rá ­ p id am en te en núcleos de vida intelectual. E sto no afecta sólo <i las capitales p o ­ líticas sino tam bién a los cen tro s de m ayor envergadura: T únez, por ejem plo, tie­ ne, al igual que Q ayraw án, sus sabios y sus tradicionistas y su m ezquita e ra , ya antes del p erío d o aglabí, un cen tro de cu ltu ra y d e enseñanza fam oso. U na ciudad geográficam ente tan m arginal com o Z arag o za, situ ad a en la fro n tera del m u ndo franco, no es sólo una plaza fuerte y un cen tro de intercam bios com erciales. P or el co n trario , a través de los diccionarios bibliográficos andalusíes p uede adiv in ar­ se, desde los prim eros tiem pos del Islam y d u ra n te to d o el perio d o del em irato de C ó rd o b a, la existencia de una n o tab le vida religiosa e intelectual de la que da testim onio la trein ten a de hom bre de religión, ju ristas y letrad o s oriundos de esta ciudad o q u e vivieron en ella antes de la proclam ación del califato (929) cuyos nom bres fueron considerados dignos de ser p reservados p o r los biógrafos en sus rep erto rio s. Lo m ism o sucede en T o led o , a p esar de que esta ciudad fue, étn ica­ m en te, poco arabizada y que estuvo p e rm an en tem en te en estad o de disidencia política con el p o d er cen tral de C ó rd o b a, llegando incluso a aliarse co n tra él con los cristianos del no rte de la península. D esde los com ienzos del em irato en co n ­ tram os en T o led o a un grupo de personajes dedicados al estudio de las letras y de las ciencias religiosas que viajan a O rien te p ara escuchar las en señanzas de M álik ibn A n as (m . 795). A su re to rn o , estos estu d ian tes se convirtieron en m aes­ tros y d ifundieron sus conocim ientos en tre sus com patriotas. A lgo m ás ta rd e , en la p rim era m itad del siglo ix, o tro g rupo se dirige, en viaje de estudios, a Q a y ra ­ wán para recibir, en esta ciudad, la en señanza del gran ju rista m álikí Sahnún. R esulta obvio, en efecto, que tan to en T o led o com o en Z arag o za, toda la ciencia p ro ced e d e O rie n te , bien sea de m an era directa a través del viaje que m uchos e ru d ito s han realizado con el fin de buscar el conocim iento en sus m ism as fu en ­ tes, bien de m an era indirecta a través de C ó rd o b a o de Q ayraw án, ciudades en las que tam bién se transm ite la enseñanza de los m aestros orientales. U no de los elem en to s sociales m ás activos está co nstituido, en los centros de población im ­ p o rta n te s, po r el grupo de do cto res en ciencias religiosas y jurídicas del q u e se conoce, p o r ejem plo, el papel im p o rtan te que rep resen tó en el levantam iento del arrab al de C ó rd o b a del 818.

E n su calidad de capitales políticas y adm inistrativas, lugares en los qu e reside la aristocracia m ilitar, centros de producción y de intercam bio, focos de vida in ­ telectual y de irradiación cultural, las ciudades del O ccidente m usulm án se an i­ m an ráp id am en te, a m edida q u e se d esarro lla el nivel de civilización y de in te g ra ­ ción al m undo m usulm án de estos lejanos lím ites del D á r al-Islám . Se ha señ ala­ d o, a pro p ó sito de Ifriqiyá, d o n d e la sociedad se e n cu en tra, en buena p a rte , d o ­

EL MUNDO DE LOS CABBÁSÍES 79

m inada po r el hecho ciu d ad an o , la existencia de una tendencia excesiva a consi­ d e ra r las ciudades com o organism os am orfos, dóciles y sum isos sin reservas al po d er. La ciudad ifriqí del siglo I X es, p o r el co n trario , el cen tro neurálgico que agrupa las fuerzas vivas de la reg ió n , un lugar de tensión p erm an en te en tre los m últiples clanes burgueses o aristocráticos y, p o r su p ropia natu raleza, un m edio de ferm entación p e rp e tu a , tal com o p u e d e observarse a través de la historia agi­ tada de Q ayraw án, T ú n ez, T rípoli o P alerm o d u ra n te la época aglabí. E ste d in a­ m ism o se percibe tam bién en al-A n d alu s, p ero d eb e tal vez subrayarse q u e, en am bos casos, parece agotarse en una agitación cuya lógica com prendem os m al, ya que está m arcada p o r revueltas y luchas de clanes, bastan te estériles en a p a ­ riencia, q u e, po sib lem en te, d eb an relacionarse con la falta de estructuración y de autonom ía orgánica de las ciudades de la E d ad M edia m usulm ana.

...p ero una m ism a sociedad urbana

E n O ccid en te, la descripción clásica de la sociedad u rb an a m usulm ana la co n ­ sidera com puesta po r la m asa, o al-cá m m a , q u e com p ren d e a los artesan o s, p e ­ queños com erciantes, jo rn alero s y asalariados de to d o tipo, y la élite o al-jássa, cuya im agen en O rien te acabam os de ver. L a élite c o m p ren d e, en prim er lugar, el grupo titu lar del p o d e r, asim ilable en los em irato s occidentales del siglo ix a un au tén tico clan de p arien tes, p o r línea p a te rn a , y de clientes de la dinastía rei­ n an te que ocupan los puestos clave del g o b iern o , la adm inistración y el ejército y re p re se n ta n , la igual que en O rie n te , un con ju n to de varios cen te n ares de p e r­ sonas a las que se han atrib u id o las pensiones m ás elevadas e im p o rtan tes p ro p ie ­ d ades territo riales. T am bién form a p a rte de la jássa la antigua aristocracia m ilitar, básicam ente de origen ára b e , p ero que abarca tam bién a los m aw áli de origen o riental y, en Ifriqiyá, a num erosos ju rásan íes. C onstituyen el núcleo antiguo del ejército y algunos de sus elem en to s p erm an ecen a sueldo deb id o a su p articip a­ ción relativam ente frecuente en las cam p añ as m ilitares (com o los djunds sirios en a l-A ndalus), m ientras que a o tro s les han sido concedidas am plias conccsiones territo riales, razón p o r la cual se e n cu en tran relativam ente «desm ovilizados», en la m edida en q u e no d ep en d en d irectam en te del E stad o p ara su subsistencia. E ste ú ltim o, por o tra p a rte , confía m ás, pai'a las o peraciones de policía y expediciones de im portancia lim itada, en la g uardia del príncipe o en las tropas acuarteladas form adas po r m ercenarios o soldados de condición servil que han sido reclutados e n tre los b e re b e re s, esclavones (esclavos de origen e u ro p e o ) o negros, po r e n co n ­ trarlo s siem pre a su disposición y p o r considerarlos m ás seguros, dad a su ex p e­ riencia de las m últiples revueltas del ejército tradicional. No o b stan te, en caso de cam paña im p o rtan te o de peligro in m in en te, siem pre p u ed e ap ela r a este últim o.

Se clasifica tam bién d e n tro de la élite a la categoría im portantísim a de los f u -

q a h á, es decir los intelectuales, especialistas en las ciencias jurídico-religiosas o f i q h , cuyos nom bres llenan los diccionarios biográficos y q u e , p artien d o a veces

de un origen hum ilde, podían elevarse gracias a su ciencia hasta los m ás altos p uestos del E stad o . D e este m odo, el cad í de Q ayraw án, A sad ibn a l-F u rát, e n ­ cargado en el 827 de dirigir al ejército que se em b arcab a p ara Sicilia, al acordarse d e su pasado de m odesto alfaquí en m edio de los ho n o res que le ro d eab an , se