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3.3 Platform Model

3.3.2 Resources

A bú M acshar (m . 886) y T h áb it ibn Q u rra (m . 900) hicieron lo m ism o con el m ovim iento de los plan etas y la trig o n o m etría respectivam ente. N o o b stan te, d eb e o b servarse q u e, p o r una p a rte , an tes de la aparición de las grandes síntesis iranias del siglo x i, se tra ta esencialm ente de asim ilar, verificar y propagar: p o r ejem plo, las teo rías geocéntricas griegas del cosm os todavía no se ponen en tela d e juicio. P o r o tra p a rte , en un p u n to esencial, la reflexión científica m usulm ana se sep ara de la h erencia helénica. N os referim os al cálculo: en esta ocasión la India —y no P tolom eo o D io fa n to — constituirá el p u n to de apoyo fundam ental de la reflexión m atem ática; n ada m ejor para p ro b arlo que la o b ra , am plia y p re ­ coz, de al-Jw árizm i (m . 830), in tro d u cto r del sistem a decim al y del cero hindúes y tam bién vulgarizador del sistem a de ecuaciones de segundo y tercer grado que tam bién tom a de la m atem ática hindú. Su libro al-D jabr, es decir, el «núm ero q u e restaura» la u n id ad , cubrió, en lo sucesivo, toda reflexión algebraica.

Una civilización urbana sin igual en la E dad M edia

Las fundaciones im periales (B agdad y S am arra, pero tam bién R aq q a, capital de H árú n al-R ashid situada cerca de la fro n tera siria, T yana, T arso en Cilicia, do n d e reside al-M a3m ün) y las capitales provinciales (F u stát, que será más tard e la capital de Ibn T ü lü n , en E gipto) se in jertan , con m ejor o p eo r fo rtu n a, en un desarro llo u rb a n o evidente. S urgen num erosas aglom eraciones en Iraq (H ad ith a, O asr ibn H u b ay ra, R ah b a, D jazírat ibn cU m ar), en el n o rte de Siria (H isn M an- sür, H árüniyya, M asisa e Is k an d arú n a, reconstruidas fren te a los bizantinos) y en Palestina (R am la), m ientras b ro tan las ciudades iranias en to rn o al arrab al árab e. D eb e, no o b stan te, to m arse to d o esto con una cierta reserva y no creer en exceso en un a p a re n te desarrollo urbano: ciertos éxitos brillantes pueden ocultar el d es­ plazam iento de las poblaciones y la decadencia de las antiguas m etrópolis. E sto es lo q u e sucede en E gipto con el ab an d o n o casi total de A lejan d ría, que q ueda reducida a m enos de la m itad del espacio en cerrad o d e n tro de las m urallas de la A ntigüedad y se instala, en lo sucesivo, en el cordón litoral anexo al m uelle del H ep tastad io , un p eq u eñ o p u erto sin im portancia que ni siquiera tiene un p eq u eñ o taller para la fabricación de m oneda. D e la m ism a m an era en Siria se producirá la regresión de A n tio q u ía. E n realid ad , la evolución dem ográfica se conoce muy mal y los cálculos son p u ram en te hipotéticos. R ecordem os principalm ente el fin de las g randes epidem ias bajo los cabbásíes tras la e ta p a en que las pestes se p ro ­ ducen re p e tid a m e n te desde los prim eros decenios del siglo v n hasta ap ro x im ad a­ m ente el año 745. P u ed e p en sarse, p o r ta n to , q u e la urbanización no tiene com o prem isa una punción de la población ru ral tan catastrófica com o bajo los O m eyas o, al m enos, que pudo rep ararse m ás fácilm ente. ^

Si b ien, en general, una red u rb an a sustituyó a o tra ( e n ^ i r i a , dotade son n u ­ m erosos los ab an d o n o s de las ciudades costeras, tam bién en fegipto, c \ \ o s confi­ nes de la A n ato lia y quizá tam bién en Irá n ), en Iraq se p rodujo en cam bio una au tén tica urbanización colosal: B agdad m ide, en el año 892, e n tre 6.000 y 7.000 h a, p o r lo m enos cu atro veces m ás q u e C o n stan tin o p la y 13 veces m ás qu e Ctesi- fonte. L a ciudad parece co n ta r con m edio m illón de habitantes: a principios del siglo x , en dos de las c u atro m ezquitas en las que se p ronuncia la jutba (a la q u e.

EL MUNDO DE LOS CABBÁSÍES 71

en principio, se convoca a todos los varones adultos) se cuentan 64.000 asistentes. Se tra ta de un peso dem ográfico co m p letam en te nuevo ya que el crecim iento de B agdad no va acom pañado p o r la d ecadencia de las ciudades de tam añ o m ediano, po r lo m enos antes de qu e los Z an d js incendien B asra en 871. Sólo p u ed e expli­ carse debido a la m ovilización de los recursos financieros de un im perio, que p e r­ m ite el «despegue» de las gran d es capitales y po r el au m en to de la productividad agrícola en las tierras som etidas a cultivo intensivo, que perm ite la supervivencia de estas en o rm es aglom eraciones en las q u e el artesan ad o sólo contribuye en una p arte m ínim a a los ingresos fiscales y a la creación de riqueza. Las ciudades no venden su producción al cam po y la circulación de bienes en tre la ciudad y el cam po es p u ram en te fiscal. El p ro p io peso de las ciudades constituye un límite infranqueable p ara el desarrollo u rb an o .

La expansión que acom paña a la urbanización en el im perio cabbási no im plica la unidad del urbanism o. D eb e dejarse de lado la idea de un «tipo m usulm án» de ciudad, en la que la m ezquita ocupa una posición central y los m ercados están dispuestos en un o rden iniciático fijo: las capitales om eyas y cabbásíes siguen un m odelo c o n trario al de la ciudad c e n tra d a en el palacio. B agdad y S am arra o p o ­ nen su topografía de grandes avenidas, muy distintas de los callejones de los b a ­ rrios de los m ercados, al espacio lim itado y reco rtad o de F ustát, en el que se m antiene la disposición trib al, y a la estru ctu ra de las ciudades antiguas descom ­ puestas por la privatización y la usurpación del suelo de las calles. N o o b stan te, en todas p artes se im pone un m odelo de casa con peq u eñ as variantes: se trata de la bayt de S am arra, que conocem os gracias a las excavaciones realizadas en la capital califal, constituida po r un am plio dom icilio ro d ead o de paredes sin v en ta­ nas y cuyas habitaciones geom étricas se ab ren a un patio central. El análisis de las excavaciones de F ustát confirm a qu e este m odelo d ata del siglo ix: se trata de tres habitaciones, alineadas tras un pórtico o antesala con tres vanos, de las que la central presen ta dos e n tra n te s laterales (habitación en T invertida, de acuerdo con la denom inación usual). El p atio dispone de un estan q u e, la disposi­ ción general es frecu en tem en te asim étrica, y tan to las habitaciones com o el palio están em baldosados de form a irregular.

Sobre este esquem a com ún, que en co n tram o s tan to en el M agrib com o en Siraf, la necesidad y el azar injertan una serie de rasgos particulares: en las casas de m ercaderes de Siraf falta la a n tesala, p ero las p ared es altas y gruesas sop o rtan pisos q u e se utilizan com o alm acenes. E n F u stát, al igual que en los palacios de los príncipes, se com binan dos patios q u e, a veces, se com ponen de dos bayts, situadas una fren te a la o tra , con el fin de o b te n e r ap artam en to s funcionales: en unos casos se o p o n en la zona de recepción y la zona fam iliar o secreta (harim ), en o tro s las habitaciones de verano y las de invierno. T odas las excavaciones a r­ queológicas m uestran un m ism o lujo: calidad de la construcción, b u en a piedra y ladrillo cocido, fábrica bien cuidada y excelentes m o rtero s, decoración de estuco y, sobre to d o , ab u n d an cia de agua pese a las dificultades existentes para o b te n e r­ la. E n Siraf la traen dos acueductos pro ced en tes de la m o n tañ a y que se dirigen hacia el em plazam iento de la ciu d ad , árido y ap lastad o p o r el calor. En Fustát existen depósitos jerarq u izad o s (p ara el riego de las calles, lavado y consum o) excavados en las rocas, que se en cu e n tra n próxim os a un sistem a p o ten te de ev a­ cuación de las aguas residuales, canalizaciones y fosas sépticas protegidas p o r m u­