E n efecto , los m iem bros de la fam ilia se ven afectados po r la d uda sobre la legitim idad de su p o d e r, lo que constituye una seria am enaza p ara el fu turo de la dinastía. Los descendientes de cAlf han intensificado su pro p ag an d a y afinado su argum entación. Se jactan siem pre d e su genealogía p u ra en la q u e no aparece n ingún m atrim onio desigual: insisten en su ascendencia m atern a irrep ro ch ab le, com o hijos de m ujeres nobles, m ientras que los califas eran hijos de concubinas esclavas, y p ro n to argum entan q u e descienden de F átim a, to d o ello a p esar de que el m odelo genealógico habitual e n tre los árab es es exclusivam ente patrilineal. P ero sobre to d o ap ela n , en círculos restringidos, a las nuevas ideas que están en el am biente: m esianism o apocalíptico q u e anuncia la próxim a llegada del M a h d t, el «bien guiado», el «señor del tiem po» encargado de estab lecer una era de ju s ti cia, función casi so b ren atu ral del im ám , d o tad o de ciencia y virtud y p u en te con lo divino. E stas convicciones integran los antiguos tem as de los extrem istas shicíes y están de acuerdo con la cosm ología n eoplatónica que acaban de descubrir los sabios árab es. A ellas resp o n d erán los cabbásíes con una táctica im itativa de esca so alcance: el hijo de al-M ansúr, que se llam aba ya M uham m ad ibn cA bd A lláh, precisam ente el nom bre que la tradición religiosa atrib u y e al M ahdi salvador, lle ga a a d o p ta r el título califal de al-M ahdi; al-M a3m ún se a u to d en o m in ará im ám e incluso jalífat A llá h , «vicario de D ios», l odo ello presagia una ex trao rd in aria in flación de los títulos califales, cada vez m ás cargados de significado religioso: ex presan , en una lengua todavía fresca, la elección, la fo rtu n a o la victoria que D ios ofrece a su protegido. E stas fórm ulas no están aún estereo tip ad as pero co n stitu yen un sim ple recurso p ara cubrir las apariencias y los m ism os califas se ven afec tados p o r el sentim iento de superioridad de los d escendientes de cAlí: en tre 816 y 818 al-M a3m ün decide tran sm itir el califato a CA1! al-R idá, perten ecien te a la fam ilia de cA lí y, para ello, lo convierte en su y erno y lo nom bra h e red ero suyo. E ste sueño de reconciliación fracasa debido a la oposición arm ad a de B agdad y el im ám m u ere pro b ab lem en te enven en ad o :
T ras este fracaso, al-M uctasim y su hijo al-W athiq realizarán, en tre 827 y 847, una últim a ten tativ a de d ar un sentido a la m o n arq u ía islám ica: se tra ta de im po ner una ideología com ún, la del m uctazilism o, al im perio m usulm án. En 827 al- Ma^mún ad o p ta el dogm a del «C orán creado». E n 833 em pieza la m ihna o inqui sición, cuyas investigaciones lleva a cabo el jefe de la policía de B agdad, bajo la au to rid ad del gran cadí, y los g o b ern ad o res de las provincias, los cuales a p artan del servicio de la dinastía a todos los adversarios ideológicos del pensam iento m uctazilí, a los dualistas iranios y a los negadores de la unidad divina (d en o m in a dos, am bos, zin d iq s), a los an tro p o m o rfistas que adm itían la realidad de los a tri butos divinos y la visión de D ios en el paraíso, y a los que negaban la libertad hum ana. La represión alcanza a los doctores los cuales son interrogados po r la au to rid ad e incluso por el p ropio califa, viéndose conm inados a la aceptación de los dogm as m uctazilíes. La m ayoría se so m eten , de form a m ás o m enos sincera, p ero surge una resistencia e n tre los tradicionistas, agrupados en torno a la figura de A h m ad ibn H an b al, que fue interro g ad o y encarcelado dos veces. A lgunas víctim as pro p o rcio n an m ártires a la p ro p ag an d a h an b alí y la inquisición será ab an d o n ad a de m anera brutal a principios del rein ad o de al-M utaw akkil. El gran cadí Ibn A bi D u 3ád es destitu id o en 825 y el califa se resigna a co n d en ar, po r rescripto, to d o estudio de teología dogm ática (kalám ). E ste fracaso, si bien no
EL MUNDO DE LOS CABBÁSÍES 51 LOS 'ABBASÍES al-'Abbis I
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■ ■■ ■ — ■ i al-Mansúf Abú-l-'Abbáa al-Saffáh 754-775 750-754 al-Mahdl 775-785 al Hádl Hárún al-Raahld 785-786 786-809 ial-Amln al-Ma'mOn al-Mu ctaaim
809-813 813-833 833-842
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1 al-Muata Hn 862-866 al-Wathlq 842-847 al-Muhtad! 869-870 al-Mutawakkll 847 861 al-Muntaair 861 862 al-Mu etazz 862-869 al-Muwatfaq al Mu cladid 802-902 al Muktafl 902-908 I al-Muatakfl 944-946 al-MuqtacMr 908 932 al Oáhir 932-934 al-RAdl 934-940 940-944al-Muttaqf I alOádlr 991-1031 I alQátm 1031-1075 al-Mutr 946-974 I al-Ti'P 974-991co m p ro m ete el fu tu ro de la investigación teológica y filosófica, contribuye no o b s ta n te a que estas disciplinas sean co n sid erad as sospechosas po r m uchos tradicio- nalistas. P o r o tra p a rte , las d octrinas se e n cu en tran fo rzosam ente lim itadas por su concordancia con la letra del L ib ro sagrado. F in alm en te, este fracaso trae co n sigo, asim ism o, el fin de un nuevo tipo de gobierno: el que ha sido asum ido por el gran cadí en un m o m en to en q u e los visires ven lim itadas sus funciones a lo estrictam en te fiscal y financiero.
E ste paréntesis se cierra con al-M utaw akkil y la m on arq u ía islám ica vuelve a la inestabilidad y a los peligros de la época de los B arm ekíes. Surgen, adem ás, nuevos peligros con el reclu tam ien to sistem ático de un ejército de esclavos turcos, ya que la dinastía ha ren u n ciad o a la adm inistración directa del Ju rásán , que se en cu en tra confiado a T áh ir y a sus descen d ien tes, con lo /q u e d esap arecen las fuentes de su ejército tradicional. Las intrigas palaciegas, prom ovidas p o r los «herm anos adoptivos» del califa y p o r los secretario s-tu to res, se ven in crem en ta das po r las am biciones de los oficiales turcos, seguros de la obediencia de sus tro p as, y las sucesiones trágicas vuelven a producirse con el asesinato de al-M uta- w akkil, en 861, a m anos de los guardias de palacio; con ello rea p a re c e n , una vez m ás, los conflictos e n tre los príncipes cabbásíes. El fracaso de la m o n arq u ía islá mica es to ta l, pues priva al E sta d o de sus fu n d am en to s, revela la existencia de