4.3 Machine Oriented Programming
4.3.2 Machine Classes
fesionales; p o r o tra p a rte , el in terés que m anifiestan los escritores p o r el m undo del trab ajo no es más q u e una rem iniscencia escolar de la cultura antigua.
E n todas las ciudades del m undo islám ico, las necesidades del consum o im po nen la presencia de los oficios relacionados con la alim entación y con la tran sfo r m ación final de los productos. Ju n to a los p ro v eed o res de las residencias aristo cráticas (m ercad eres de hortalizas y fru tas, frecu en tem en te especializados de m a n era m uy específica en un único p ro d u cto , com erciantes en granos, lecheros, m ercaderes de vinagre, vino y vino de dátiles, pescaderos, v endedores de m aris cos, carniceros y v endedores de aves de corral) y a todos los oficios relacionados con las cadenas de producción (desde el m ercad er de ganado hasta el m atarife, d escu artizad o r, carnicero, trip ero y fabricante de salchichas; igualm ente y, desde el m ercad er en grano hasta el m olinero, v en d ed o r de harina, p an ad ero , h o rn ero y una gran v ariedad de tipos de p astelero ), el m ercado o zoco ve surgir gran n ú m ero de fabricantes de diversos platos cocinados, destinados a la alim entación de las clases p opulares que no cocinan, bien sea p o r tem o r a los incendios o por falta de m edios p ara co m p rar alim entos al po r m ayor, y recurren a la casa de com idas. Son platos de pescado, arroz, legum bres, carnes en salsa (de buey, que se c o n trap o n e al c o rd ero considerado com o la carn e de los ricos, y de cam ello), m enudos, buñuelos y dulces de m iel. La com unidad social y cultural se expresa, d esde al-A ndalus y Sicilia hasta el Irá n , gracias a la difusión de esta cocina calle je ra ; existen platos que perm an ecen sólidam ente im plantados, en el P alerm o del siglo x x , con sus nom bres árab es (cália o sfincio). T am bién el h a m m á m surge po r todas partes: se ha olvidado su origen griego, q u e se ha visto desplazado po r la necesidad ritual que im pone el Islam . T am bién en todas p artes se desarrollan los oficios relacionados con la construcción, que son m uy num erosos, los fab ri cantes de m uebles (cofres, asientos, arm ario s), las profesiones relacionadas x ^ n el cu ero (esenciales para el m obiliario y los recipientes), con los tejidos (el sastre, cuyo salario elevado y prestigio social subrayan el carácter altam en te técnico del oficio) y las artes del fuego (h e rre ro y ceram ista).
La circulación interregional de p roductos d e artesan ía afecta, adem ás de a un gran nú m ero de productos alim enticios que se conservan (confituras, frutas c o n fitadas, frutos secos, v erduras en vinagre) y p ueden tran sp o rtarse sin excesiva di ficultad, a los p roductos elab o rad o s de alta calidad y, en p articular, a los textiles, arm as, papel y cerám ica d ecorativa. Las técnicas, pese a la unidad política, se difunden len tam en te y su difusión se d eb e m ás a la em igración de los o p erario s que a la im itación (así, en F u stát, los fabricantes de p añuelos de lino p roceden de A m id a, en M esopotam ia). E sto co ncuerda con la ex trao rd in aria capacidad vi sual que ad q u ieren los clientes p ara reconocer las calidades, los orígenes y la h a bilidad m anual adquirida p o r las sucesivas generaciones que trab ajab an con una co ntinuidad p erfecta, de tal m odo que se llegan a in v en tar expresiones p ara d e n o m inar los trab ajo s efectuados, de acu erd o con las no rm as y procedim ientos tra d i cionales de las regiones de o rigen, p o r los o b rero s em igrados: de esta m an era, los tapices tejidos en R am la, P alestina, p o r o p erario s p ro ced en tes del T ab aristán recibirán el nom b re de tabart ram lt. La localización de estas «especialidades» se d eb e en gran p a rte a las m aterias prim as q u e, cu an d o son pesadas, resultan de tra n sp o rte difícil. D e este m o d o , la m etalurgia se sitúa p rincipalm ente en las re giones m ineras: es el caso de las industrias de arm am en to arm enias, afganas y de
EL MUNDO DE LOS CABBÁSÍES 75
la T ransoxania, de la siderurgia d am ascen a, que no se en cu en tra lejos del hierro del T au ru s y de la Cilicia, de las forjas del D ágistán, del A d h árb ay d ján , de Nis- h áp ú r, de Isfáhán, de la cald erería d e M osul y de la industria del latón en H erát y B aykand. P ero D am asco, d o n d e se desarrolla una industria del co b re, y el delta egipcio, do n d e Tinnis crea una industria especializada de cuchillería, m uestran el papel q u e a d q u ieren los m edios artesan ales de tradición antigua y de alto nivel técnico a la ho ra de estab lecer tales cen tro s y p o n e r de relieve su fam a.
La industria textil —sin d uda la de m ayor im portancia y la que acapara lo esencial de las inversiones fam iliares dedicadas a la adquisición del m obiliario y al establecim iento de una reserva e v e n tu a l— p resen ta una especialización análoga de los centros de producción q u e, de la mism a m an era, se distribuyen en función de las m aterias prim as: lana de E g ip to , de Siria y del arco de m o n tañ as que va del T au ru s al Irán a través de A rm en ia y del T ab aristán , lino del delta egipcio, algodón del Ju rásán y de la D jazíra, seda cruda del Ju rásán y de al-A hw áz. E vi d e n te m e n te , el tra n sp o rte , m ás fácil, de ciertas m aterias prim as, que se cotizan de m anera especial, favorece la m ultiplicación de centros y la diversificación a ultranza de los productos: tapices de T ib eríad es, de A rm en ia, del A d h árb ay d ján , del T ab aristán , del Ju rásán y de T ran so n ia, tapices bo rd ad o s con agujas del Fars, m antos a rayas del Y em en, tejidos de algodón del K im a, pañuelos del T ab aristán , satén del Ju rá sá n , b rocado y dibádj (tram a y urd im b re de seda) de T u star, tafetán
cattábí de seda y algodón de Siria, vestidos del F ars, tejido siqlatün con grandes
círculos o rn am en tad o s de B agdad, gasas de lino egipcio, el sharb y el qasab del d elta. E sta breve lista sólo nos p erm ite atisb ar la gran variedad de p roductos exis ten tes, en tre los que se en cu en tran ciertas im itaciones declaradas de m odelos de prestigio com o los «cinturones arm enios» de T ib, en al-A hw áz.
P or o tra p a rte , nos en co n tram o s a n te la p rim era fase original de un a rte d eco rativo que p u ed e calificarse de «m usulm án», de la mism a m anera que el arte de los A q u em én id as acabó p o r ser «persa». D icho de o tro m odo, al en co n trarse en presencia de tradiciones frecu en tem en te antiguas y p oderosas com o la e x u b e ra n cia floral hindú, el arte que re p re se n ta figuras de anim ales en el O rien te M edio niesopotam io y las rep resen tacio n es «historiadas» y en m ateriales suntuosos de E gipto y Siria bizantinos, los califas o su e n to rn o no p ensaron po r un m om ento en im poner una tradición exótica q u e, po r o tra p a rte , no les p ro p o rcio n ab a el arte árab e p rep ro fético . A trajero n en to rn o a ellos, y sin p re te n d e r una c o lab o ra ción exclusiva, a artistas de las regiones m ás diversas y, en una prim era e ta p a , les perm itieron tra b a ja r de acuerdo con m odelos q u e, indiscutiblem ente, eran bi zantinos o sasánidas, com o sucedió en D am asco o en la cúpula de la m ezquita de la R oca en Jeru salén . E n el 722, el califa om eya Y azid II trató de p resio n ar so b re el a rte al p ro h ib ir, incluso an tes qu e los bizantinos y sufriendo tal vez la influencia de una concepción m uy rigorista en el O rien te M edio, toda re p re se n ta ción de criatu ras, considerada com o una m anifestación inadm isible de «com pe tencia» con D ios. P ero , si bien los edificios dedicados al culto se a d a p ta ro n a estas exigencias —q u e, p o r o tra p a rte , fueron suscritas con m ayor suavidad por los ca b b ásíes—, subsiste un n ú m ero suficiente de m otivos decorativos en edificios privados, así com o de cerám icas o m iniaturas an terio res al siglo x, en los que ap arecen figuras hum anas: tal es el caso del palacio de Q usayr cA m ra , en J o rd a nia, y ello nos p erm ite d u d ar de la eficacia del espíritu iconoclasta m usulm án.