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Aparte de la motivación indexical existen dos tipos más de motivación, la icónica y la simbólica, cuya naturaleza semántica se basa en la relación entre la lectura literal y la figurativa tanto de toda la unidad como de sus constituyentes (uno o más). El primer tipo, la motivación icónica86

Así pues, la motivación icónica es de base semántica, es la motivación basada en la semejanza (en sentido amplio) entre la entidad denotada por el significado actual y la entidad reflejada por la imagen subyacente (ibídem). Además, las unidades figurativas , es el más frecuente y extensivo de todos al que se adscribe la mayor parte de UFs (Dobrovol’skij y Piirainen, 2005: 90).

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Las tres heurísticas (la Heurística C, la Heurística I, la Heurística M) propuestas por Levinson (2004: 63-85), las cuales el propio autor considera estrategias del sistema cognitivo humano en las que se basa su concepción tripartita del proceso interpretativo, son reformulaciones de las máximas griceanas. Por lo que se refiere a la Heurística M, ésta está directamente relacionada con la Máxima de Modo de Grice (de ahí viene su denominación) y se define como “Lo que se dice de un modo inusual, no es normal; o un mensaje marcado indica una situación marcada” (Timofeeva, 2008: 254).

86 En la lingüística y la semiótica el término icónico e iconicidad pueden referirse a la conexión inherente

entre la forma lingüística y su referente (cfr. Posner, 1980; Ross, 1980; Simone, 1995, apud. Dobrovol’skij y Piirainen, 2005: 90), quienes descubrieron los rasgos icónicos de la fonología, la morfología, la formación de palabras y la sintaxis. El significado del término peirceano icono es parcialmente distinto del arriba presentado. En la opinión de Peirce (1960: 248) los iconos pueden dividirse según el grado de abstracción en tres subtipos: imágenes, diagramas y metáforas.

convencionales icónicamente motivadas presentan una naturaleza metafórica; la metáfora se convierte en un instrumento metalingüístico para el análisis de las relaciones icónicas entre el componente de imagen y el significado actual de una unidad figurativa.

Como señalan Dobrovols’kij y Piirainen (2005: 94) “there is a relatively small group of idioms which are iconically motivated, mainly by features of the outward appearance of something, where no particular cultural knowledge is required”. Por ejemplo, las locuciones tener ojos de besugo ‘ojos redondos y salientes’, tener ojos de

sapo ‘ojos grandes e hinchados’, tener ojos de gacela ‘tenerlos rasgados, negros, llenos

de vida’ están icónicamente motivadas, puesto que se basan en la experiencia directa, en el aspecto de besugo, sapo o gacela, respectivamente. No obstante, incluso en estos casos se pueden notar factores culturales mínimos, que atañen, sobre todo, a las razones por las cuales la determinada comunidad lingüística recurre a estos animales (y no a otros) como mejores representantes de las características en cuestión.

b) La motivación simbólica

El segundo tipo básico de la motivación de base semántica, la motivación simbólica, se diferencia de la icónica en dos aspectos. El primero atañe a la relación entre la lectura literal y la figurativa, esto es, la motivación icónica se apoya normalmente en la unidad en su totalidad, mientras que la motivación simbólica en un sólo componente o, mejor dicho, el concepto que está detrás de este (Dobrovol’skij y Piirainen, 2005: 96; Timofeeva, 2008: 352). El segundo aspecto está vinculado con el papel que desempeña el factor cultural, es decir, en la motivación icónica están imbricados distintos aspectos del conocimiento cultural, sin embargo, la base cultural de la motivación simbólica es totalmente distinta.

Tal como resaltan Dobrovol’skij y Piirainen (2005: 96) la motivación simbólica se basa en la coherencia entre el concepto simbólico en el lenguaje y los fenómenos simbólicos similares en otros códigos culturales. Así pues, como pone de manifiesto Timofeeva (2008: 353), si la interpretación de un signo lingüístico no depende del conocimiento general- tanto en el nivel superior abstracto como en el básico- sino que se basa en un conocimiento cultural específico, dicho signo se concibe como símbolo. Sólo aquella unidad lingüística que encuentra correspondencias en otros códigos puede considerarse símbolo. El símbolo se caracteriza por un alto grado de

convencionalización cultural frente a poca iconicidad. Además, el bajo grado de iconicidad se debe al hecho de que los procedimientos semánticos que subyacen en la motivación simbólica son de naturaleza metonímica. Es otro aspecto significativo que diferencia la motivación icónica de base metafórica y la motivación simbólica. No obstante, esto no significa que una unidad figurativa simbólicamente motivada no pueda ser metafórica a la vez. La diferencia entre ambos tipos de motivación atañe al hecho de que la motivación icónica se fundamenta en la similitud entre la entidad representada por el componente de imagen y la entidad denotada por el significado actual, mientras que la motivación simbólica explota ciertas convenciones culturales (Dobrovol’skij y Piirainen, 2005: 97).

Por ejemplo, no se puede entender el significado actual de la expresión ser un

viejo zorro (vid. el capítulo 13) recurriendo al conocimiento zoológico, es decir, al

comportamiento, los hábitos y el habitát de estos cánidos. Más bien estamos ante la semiotización del concepto ZORRO en las culturas occidentales:

Throughout the centuries, the concept FOX has absorbed and accumulated fragments of knowledge coming from source quite different than ‘natural experience’, namely from culturally relevant sign systems. Since antiquity tales of animals, fables, beast epics, or bestiaries have had a large share in creating the picture of the ‘sly, crafty, or deceitful fox’, which has been personified and thought of as behaving like a human (Dobrovol’skij y Piirainen, 2005: 96)

Así pues, a pesar de la decreciente importancia de las fábulas, en su día herramientas educativas relevantes, el símbolo de ‘un zorro astuto’ sigue siendo activo, ha sido adaptado por muchos medios de comunicación, como los dibujos animados, videojuegos o anuncios publicitarios. Por todo ello, la imagen de zorro se interpreta inmediatamente como ‘una persona lista, taimada que busca su provecho’. El concepto en cuestión está tan convencionalizado y arraigado en la cultura que se da por hecho que el zorro es un animal astuto y ladino87

87 Como observan Dobrovol’skij y Piirainen (2005: 96) el símbolo cultural ZORRO en muchas lenguas

europeas aparece sobre todo en colocaciones y símiles.

: “The members of the European cultural communities did not obtain this concept of the FOX through confrontation with the real animal, but only through its symbolisation in different semiotic systems” (Dobrovol’skij y Piirainen, 2005: 96).

Además, la interconexión entre los símbolos y la cultura se puede demostrar por medio de estudios translingüísticos, pues lo que parece “natural” e incuestionable en una cultura puede resultar idiosincrático y convencional (culturalmente específico) en la otra (p.ej. el concepto PAN en las culturas europeas y el concepto ARROZ en la cultura japonesa, cfr. Dobrovols’kij y Piirainen, 2005: 97- 98). El valor simbólico de un animal dado también puede diferenciarse notablemente según la comunidad cultural en la que se use. Por ejemplo, la RATA evoca asociaciones simbólicas predominantemente negativas en las culturas occidentales (se asocia al traidor, a una persona astuta, despreciable), mientras que en Asia Oriental el animal en cuestión es de suma importancia, se lo aprecia mucho. En Japón, la RATA y el RATÓN (no hay distinción lingüística entre estos dos animales) se asocian a la riqueza y a la diligencia Por ende, no es de extrañar que el uso peyorativo de RATA, por ejemplo en la cultura inglesa (a

political rat, to rat on someone, to smell a rat), pueda resultar totalmente

incomprensible en otras comunidades culturales (ibídem: 268).

Así pues, estos valores simbólicos también influyen en el lenguaje figurado convencional propio de cada cultura en cuestión, así como guardan relación con las inferencias evaluativas desarrolladas por una UF determinada en ambos niveles de significado fraseológico (vid. 5.3.1.) Dichos aspectos los abordaremos con más detalle en la parte práctica de la presente tesis.

Conviene mencionar también que el símbolo, aparte de su naturaleza convencional88

Según el grado de relevancia lingüística y/o semiótico-cultural los símbolos se pueden clasificar como vivos y activos, como es el caso de la cigüeña, o inactivos o

muertos, cuya aparición en la estructura de una UF puede hacer más difícil e, incluso,

impedir, el establecimiento de enlaces motivacionales claros. Por ejemplo, como resaltan Dobrovol’skij y Piirainen (2005: 267), actualmente resulta difícil que un hablante reconozca un pez como símbolo de cristianidad, mientras que desempeñó tal papel en los orígenes de dicha religión.

, se caracteriza por su autonomía semántica, es decir, es independiente de un contexto dado, puede aislarse semánticamente de él e, incluso, entrar en uno nuevo, manteniendo sus funciones simbólicas. Así pues, el mismo símbolo puede aparecer con el mismo valor simbólico en un mito, una leyenda, una obra de arte o una pieza musical, en una unidad figurativa (Dobrovol’skij y Piirainen, 2005: 256, 266).

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Con la distinción entre los símbolos activos e inactivos está relacionada otra cuestión: la arbitrariedad del símbolo. Efectivamente, para un hablante actual del ámbito cultural europeo la relación entre el significante cigüeña y el significado “maternidad” resulta del todo arbitraria, basada exclusivamente en la convención cultural89

Así pues, como resalta también Timofeeva (2008: 356), se pueden establecer distintos grados en la convencionalización de elementos simbólicos en los que se apoyan algunas UFs. Es decir, en un extremo se pueden observar símbolos cuya motivación se presenta completamente arbitraria desde el punto de vista sincrónico; mientras que en el otro extremo se encuentran símbolos que conservan cierto carácter icónico, esto es, de cierta similitud entre el concepto subyacente al significado literal de la UF y el concepto que lo simboliza

. Ese mismo hablante también considera arbitraria la relación entre hacha y “guerra” (desenterrar el hacha de guerra y enterrar el hacha de guerra), pues un conocimiento adicional sobre otras culturas le es requerido. Sin embargo, la situación es bien distinta para un hablante de ámbito cultural indio-americano, ya que la relación “hacha-guerra” está imbricada en su imaginario cultural, que forma parte de las costumbres de sus antepasados. En otras palabras, la relación entre el significante y el significado no es arbitraria, sino que presenta un fuerte componente icónico (Timofeeva, 2008: 354-355). Como señalan Dobrovol’skij y Piirainen (2005: 274) el símbolo se sitúa entre dos polos: el de iconicidad y el de arbirariedad, respectivamente. Es decir, por un lado, cada símbolo es de naturaleza convencional (de otra forma no podría considerarse símbolo), por otro, muchos símbolos son transparentes u opacos hasta cierto grado.

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Además, conviene mencionar que es difícil disitinguir entre las UFs icónica o simbólicamente motivadas, a veces tal distinción incluso es imposible (vid. 6.2.1.4),

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89 Tal y como firma Doval (1995: 110) “la atribución proverbial a la cigüeña del papel de portadora de

recién nacidos es de origen escandinavo, y está alimentada sin duda por las costumbres regulares y edificantes de esta ave; su apego a los mismos lugares, su monogamia, los grandes cuidados que prodiga a su prole y a sus progenitores cuando éstos llegan a la vejez, y otros tantos hábitos de comportamiento que hacen simpática a todos la figura de esta ave. Con mayor precisión, cabe afirmar que esta asociación se debe al carácter migratorio de la cigüeña y a que su reaparición anual se haya interpretado siempre como un buen augurio. La leyenda se extendió por el mundo en el siglo XIX gracias sobre todo a los cuentos de Hans Christian Andersen (1805-1875)”.

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Según Timofeeva (2008: 357), estos dos extremos corresponden hasta cierto punto, a las posturas lingüísticas y semióticas que marcan el estudio del símbolo: la de Ch. S. Peirce quien defendió la idea de total arbitrariedad del símbolo, cuya relación entre el significante y significado se establece exclusivamente en términos de convencionalidad, y la de F. de Saussure, quien sin rechazar el carácter ciertamente convencional del símbolo, defiende la presencia en el mismo de un significado secundario, que deriva del primario y se define como significado connotativo. Saussure corrobora que, siendo culturalmente dependiente, dicho significado connotativo no es del todo arbitrario yes claramente derivado del significado primario (para más detalle, cfr. Dobrovol’skij y Piirainen, 2005: cap. 11).

puesto que “(…) the symbol, once conventionalized, can lose its iconic motivation in the course of history” (Dobrobol’skij y Piirainen, 2005: 275). Además, las interpretaciones simbólicas de animales con frecuencia pueden rastrearse en las observaciones de la realidad (ibídem: 277) Así pues, la iconicidad y la convencionalidad desempeñan un papel esencial en la motivación de UFs, influyen notablemente en la configuración de su significado.