Valeria Palazzo UNSAL
[email protected] El presente trabajo se articula con el ensayo “Hacia una definición del arte contemporáneo” de la Prof. Adriana Laurenzi y mediante las definiciones de arte desarrolladas en el mismo, se propone analizar las características formales y estéticas de la obra de dos artistas contemporáneos argentinos, Jorge Macchi y Nicola Costantino. Al mismo tiempo, se toma la obra de Yves Klein como contrapunto y por considerarlo un artista precursor en la desmaterialización de la obra de arte y el entrecruzamiento de géneros artísticos.
Luego de este breve recorrido por la historia del arte y de la estética, así como de ciertas definiciones expresadas por artistas y teóricos, nos proponemos analizar los conceptos revisados a través de la obra de artistas contemporáneos argentinos que reflejan lo antedicho.
Como manifestamos previamente, en el arte contemporáneo asistimos a la pérdida de un sentido común que le permita al receptor leer u orientarse para descifrar los valores simbólicos de una obra. En la era global ya no es posible unificar el mundo bajo un relato hegemónico de valores universales dentro de un repertorio de categorías preestablecidas. A partir de la década del 60 irrumpieron nuevas expresiones artísticas como las performances,happenings, land art, o site specific, entre otras. Theodor W. Adorno en la conferencia “El arte y las Artes”, en 1966, plantea el entrelazamiento de los géneros artísticos, la disolución de los límites entre diferentes disciplinas que acompañan la búsqueda de una realidad extra estética, como en el caso de la acción espectáculo brindada por Yves Klein en su presentación de la “Sinfonía – monótona – silencio”, creada en 1946, junto con las “Antropometrías de la época azul” en 1960.
Con las nuevas tecnologías, el arte fue incorporando técnicas como el video, las imágenes digitales y 3D, diversos materiales que van desde estiércol, animales preservados en formol, telarañas, incluyendo platos gastronómicos del chef español Ferrán Adrià.
No obstante, la temática abierta y polisémica, la multiplicidad de mini relatos y la variabilidad de su naturaleza, el arte sigue siendo una forma de construir sentido, de transmitir un contenido a través de una forma que genera un encuentro emocional y reflexivo entre los seres humanos.
Siguiendo la afirmación de Adorno acerca del entrecruzamiento de los géneros artísticos, tomemos la obra Incidental Music (1997) de Jorge Macchi.1 Se trata de una obra
compuesta de tres páginas de partituras aparentemente vacías que cuelgan de la pared. Parecen ser ampliaciones de pentagramas, aunque las líneas están conformadas por textos de noticias sacadas de diferentes periódicos locales que se refieren a accidentes y asesinatos. Las mismas están separadas por un centímetro. Una pieza musical es compuesta a partir de estos espacios o puntos. Macchi utiliza las notas: mi, sol, si, re y fa, de acuerdo a la clave de sol y a la línea en donde los espacios se encuentran. La duración de los mismos depende de la distancia entre los espacios. La pieza, elaborada según estas premisas, puede ser escuchada a través de auriculares que cuelgan desde el techo en frente de las partituras. 1 Jorge Macchi, artista nacido en Buenos Aires, Argentina en 1963. De formación clásica, egresó de la Escuela Nacional
de Bellas Artes de Buenos Aires. Comenzó a incorporar en sus obras objetos de uso cotidianos bajo el concepto de ready mades y de site specifics, video instalaciones o incluso performances. Sus obras versan, entre otros temas, sobre reflexiones universales acerca de las tensiones del tiempo y el espacio, el olvido, la perspectiva y los modos de ver la realidad.
81 La música incidental es aquella que acompaña una obra teatral, un programa de televisión e incluso un videojuego y que comúnmente se denomina como “música de fondo” cuya función es crear un clima determinado. Bajo este nombre, Macchi presenta las llamadas “noticias amarillas”, muertes violentas de seres anónimos se apiñan en esta sección del diario que rápidamente será descartado o en el mejor de los casos servirá como envoltorio. Al igual que la música incidental, las noticias sobre estas muertes son secundarias, de relleno.
La obra de Yves Klein (1928-1962) Sinfonía monótona silencio, es una pieza de 40 minutos de duración, compuesta por dos momentos: el primero, transcurre con única nota re al unísono mantenida durante veinte minutos; el segundo, es un silencio que tiene la misma duración que la nota que lo antecede. En simultáneo, el artista dirige, a modo de director de orquesta, a unas modelos que embadurnan sus cuerpos con pintura azul YKB (Yves Klein Blue) de tal manera que funcionan como verdaderos pinceles humanos al dejar la huella en la tela, pinturas que Klein denominó Antropometrías de la época azul. Yves Klein es considerado uno de los precursores en la disolución de los límites de las disciplinas artísticas, al incorporar la escenificación y la música en sus obras. Sin embargo, a pesar del uso interdisciplinario que hacen ambos, la intención de Klein a lo largo de su carrera fue la desmaterialización del arte. A través del uso del color sin el dibujo ni la línea, buscando borrar su huella de la pintura mediante el uso del rodillo o del fuego como técnica pictórica e incluso con la utilización del “silencio” en su sinfonía, en la búsqueda de dar un “salto al vacío”, 1960. Klein estaba interesado en una espiritualidad que encontró en sus lecturas de religiones orientales con las que se relacionó desde sus experiencias en Japón durante su juventud. El “vacío/silencio” de Klein tiene sus orígenes en la pintura tradicional de Oriente, donde el “HUE” vacío, posee tanta importancia como la línea y el color. El “vacío/silencio” de Macchi posee otro sentido. El artista argentino, presenta un pentagrama aparentemente vacío, pero en una lectura más próxima descubrimos que está compuesto no por una línea continua, sino por diferentes textos que narran hechos fatales de la realidad cotidiana separados por espacios vacíos que servirán para la interpretación de la pieza Incidental Music. Estos vacíos en las imágenes y la reproducción sonora, no parecen ser el producto de una búsqueda espiritual, sino más bien una reflexión acerca del vacío dejado por esas vidas arrebatadas prematuramente, una denuncia contra el silencio que sigue luego de la noticia amarillista, una denuncia contra las autoridades y la sociedad que olvidan rápidamente.
Debemos retomar definiciones del arte de épocas pasadas para llegar a responder “qué entendemos por arte hoy”. Dijimos que el arte de fines del siglo XIX estaba empeñado en estetizar una sociedad que se volvía cada vez más materialista, que avanzaba sobre lo espiritual con objetos de consumo, cosificando al ser humano. Las Vanguardias del siglo XX fracasaron en su intento de ligar al hombre común con el artista introduciendo el arte en la vida social a través de los muebles, diseños urbanos, textiles, etc. A pesar de encontrarnos ya en el siglo XXI, este rasgo estetizante, consumista y cosificante sigue manteniéndose, acentuado más aún por los medios de comunicación y las redes sociales. El arte de Nicola Costantino,2 según Ana Martínez Quijano, refleja con elegancia y diseños de máxima
sofisticación, la obsesión estetizante de nuestra época. Su obra puede ser vista como una crítica al consumismo, aunque su arte también participa de ese sistema, utilizando las mismas herramientas, manipulando con habilidad la belleza de la apariencia, que suscita el deseo y los más íntimos secretos de la cultura de consumo. Según Martínez Quijano (2001), Costantino establece una inquietante relación entre la incitación al consumo y la violencia, 2 Costantino Nicola (Rosario, 1964). Artista. Estudió Bellas Artes con especialización en escultura en la Universidad
Nacional de Rosario (UNR). Radicada en Buenos Aires participó del Programa del Taller de Barracas, de la Fundación Antorchas, coordinado por Pablo Suárez y Luis Benedit. En 1998, representó a la Argentina en la Bienal de San Pablo. Desde entonces participa en numerosas exposiciones internacionales, tanto de manera individual como colectiva. A partir de 2004, trabajó en sus series más representativas como Animal Motion Planet. En 2006, su obra incursionó en la fotografía, con una extensa serie en las que su imagen encarna personalidades del arte y la fotografía. En 2010, creó su primer videoperformance y en 2013 representó a la Argentina en la 55ª Bienal de Venecia. Su obra integra el acervo de museos y colecciones particulares locales, regionales e internacionales. Actualmente, vive y trabaja en Buenos Aires.
82 y denuncia la esquizofrenia que provoca el doble mensaje de estetización y deshumanización.
Mediante una crítica irónica, cuestiona el lugar que tiene el cuerpo y la imagen en nuestra sociedad. Peletería Humana (2000), fue una de sus primeras obras, donde toma el cuerpo como objeto de consumo mediante tapados, zapatos, carteras y otras piezas realizadas con calcos de silicona, hiperrealistas de piel humana. Las prendas tienen un componente de sensualidad, pero se presentaron en un contexto chocante, el de una boutique de lujo, combinando seducción y repulsión.
Es oportuno recordar en este punto la definición de arte que diera Picasso “el arte es
una mentira que nos enseña a comprender la verdad, al menos la verdad que ‒como hombres‒ somos capaces de comprender”.
En 1993, en su primer happening Cochon sur canapé, realizado en el Casal de Catalunya, Buenos Aires, la artista presentó un lechón cocido, un cadáver entero, sobre una cama. La intención de la artista era mostrar la celebración que realizamos frente al cadáver que nos vamos a comer. La propuesta consistía en un banquete para artistas, conocedores y aficionados al arte, gente refinada. La elección de la cama como mesa hacen referencia a las pulsiones humanas básicas por la comida y el sexo. La falta de cubiertos obligaba a los comensales a comer con las manos, salvajemente. El animal, además, se presentaba en varios estados: congelado, embalsamado y cocido, junto a otros animales que usualmente comemos, como patos y conejos. De esta manera, se ponía en evidencia la relación entre el deseo, la repulsión y la perversión. Según lo afirmado por León Ferrari, ante la aparición de nuevos materiales, tecnologías y géneros, a la obra debemos juzgarla por sus significados.
El artista debe organizar esos significados con otros elementos para lograr que la obra tenga eficacia al momento de transmitirlos, revelarlos y señalarnos. El arte no será ni la belleza ni la novedad, el arte será la eficacia y la perturbación.
En la exhibición arteBa, edición 2017, Costantino presentó nuevamente una performance con comida, La dulce fuente de las Delicias, como parte de su obra El verdadero jardín nunca es verde, inspirada en el Jardín de las Delicias del Bosco. En esta ocasión realizó diferentes piezas de pastelería bañadas en una crema gelificada de colores brillantes que repartía entre los comensales. La intención de la artista era hacer partícipe al público presente de la bacanal que representa en su obra. Una manera más dulce y menos perturbadora que en sus obras anteriores de que el receptor activo complete la obra.
Yves Klein afirma que la cualidad esencial de la pintura reside en la “sensibilidad pictórica” que emana del cuadro (2017:18). En 1958, se propone presentar esta esencia invisible de la pintura sin el apoyo del cuadro, con una exposición titulada “Azul Inmaterial” en la galería Iris Clert, París. Para la muestra, Klein pinta la vidriera de la galería de azul y cubre la puerta con un paño del mismo color la cual los visitantes deben atravesar. El pasillo que accede al segundo piso está entelado de azul donde se les ofrece a los visitantes un cóctel azul. De esta manera, el azul visible en el exterior también estará en ellos. Al ingresar, los visitantes encuentran una sala absolutamente blanca, vacía, que acoge La inmaterialización del Azul. En ocasión de la muestra de Yves Klein, en Julio 2017, Costantino presentó un té y postres glaseados, inspirados en el color IKB (International Klein Blue), impregnando así al receptor de la esencia azul de Klein.
Klein afirma en su manifiesto del Hotel Chelsea, […] “Un artista siempre se siente un poco incómodo cuando le piden que hable de sus obras. Esas obras deberían hablar por sí mismas, sobre todo si son obras válidas” (1961).
Cualquier material puede ser utilizado por el artista, pero el valor de la obra está en las posibilidades de que ese material produzca un sentido profundo y humano que solo el paso del tiempo legitimará. El gran desafío del arte contemporáneo será formar parte de la memoria de la especie.
El carácter crítico de la Modernidad sigue siendo un eje fundamental del arte contemporáneo, por eso el arte hoy ocupa un lugar preferencial en el campo de la filosofía, porque a través de la forma puede condensar un sentido que lo acerca a la verdad.
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