Según Adriana María Castañeda155, el hecho de que en los libros de matrimonio no aparezcan registros durante los meses de diciembre lo mismo que en la parroquia de Santa Gertrudis, se debió posiblemente a alguna concesión especial que otorgaba la cabecera del cantón de la Parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria. Los meses en que más matrimonios aparecen registrados, entre 1826 y 1836, eran noviembre y enero.
La administración de este sacramento da cuenta tanto del dominio que sobre la población ejercía la iglesia, como de su permisividad. La importancia del matrimonio parecía estar en la validez que le adjudicara la iglesia. Por esto antes de celebrarse un matrimonio el cura debía hacer tres proclamas cada una en tres días festivos continuados durante la misa popular. Esta costumbre fue afianzada por el Concilio de Trento, con el fin de que se denunciara los impedimentos de los contrayentes. Para conocer estos impedimentos ocultos (de parentesco, edad, casamientos anteriores, etc.) se hacia además un examen secreto en el confesionario, del cual debían quedar actas (informaciones verbales sobre casamientos), y en que los testigos declaraban sobre la libertad, soltería, cristiandad, vecindad de los contrayentes y consentimiento de los padres. La mayoría de las veces el impedimento consistía en el parentesco de los contrayentes.
Ya el Concilio de Trento había reducido al cuarto grado la prohibición de los matrimonios, exigencia que duró hasta la publicación del Nuevo Código de Derecho Canónigo en 1917, tiempo durante el cual la justicia ordinaria eclesiástica tenía privilegios para conceder dispensas por consanguinidad o afinidad. Los argumentos utilizados por los contrayentes y sus familias y que eran bien escuchados por los curas oscilaban entre:
- Eran muy pobres pero sanos y robustos y facilitarían el progreso de la agricultura (petición utilizada generalmente por familias que vinculadas a la agricultura, ganadería y porcicultura terminaron dedicadas luego al comercio y a las actividades bancarias).156
- La ausencia de hombres sobre todo extranjeros y ricos con disponibilidad de casarse, a causa de la crisis minera y de las guerras.
154 A.P.I. Libro Certificados de Bautismo 1863-1876. 12 de marzo de 1875. 155 Historiadora de la Universidad Nacional. Sede Medellín.
- La desconfianza en la calidad de soltería de los extranjeros.
En general era la conservación étnica, social y económica lo que más preocupaba a estas gentes quienes además acostumbraban realizar matrimonios notables en los cuales casaban a dos hermanos de una familia con dos hermanas de otra, el mismo día. La frágil memoria genealógica y de olvido de los vínculos sanguíneos de parte de mestizos, mulatos y negros y de parte de los dueños de las cuadrillas tenía que ver para estos últimos en la garantía del autoabastecimiento, y en los primeros en sus costumbres ya algo desarraigadas. Mientras que los blancos aunque olvidaban también a veces según sus conveniencias, tenían memoria hasta la cuarta generación incluso, pues debían “recordar para ser “157.
Las penas que se imponían al dar la dispensa consistían en multas y en confesión o comunión cada domingo de entre dos a cinco años y rezar diariamente el rosario de rodillas ante la imagen de Jesucristo, lo que se convirtió según el historiador Pablo Rodríguez, en escuela moralizadora de los antioqueños, que hizo muy popular la práctica de rezar el rosario cada noche en familia.
Podría decirse que en el Archivo Parroquial de Itagüí el mayor número de dispensas son por parentesco, ya de consanguinidad ya de afinidad, y que la mayoría de éstas fueron aceptadas no importando la clase, o etnia a la que se perteneciera. Se observa más bien que muchas veces fue la pobreza la que influyó en la decisión de pedir y aprobar las dispensas (mirar Cuadro anexo sobre dispensas y proclamas). Generalmente el proceso de dispensas se iniciaba con una solicitud, a la cual le seguían los certificados de bautismo o de cristiandad de los contrayentes, las declaraciones de los testigos y familiares y la petición de parte del cura de la parroquia. El vicario o el obispo la aprobaban o no, en uso de las facultades apostólicas concedidas por la Santa Sede en 24 de mayo de 1827. Y si bien la mayor parte de las dispensas eran aceptadas, todas no corrían empero, la misma suerte en cuanto a las sentencias se refiere, puesto que era bien irregular el cobro de las penitencias, según puede verse en los cuadros anexos de dispensas y proclamas.
En la actualidad se celebran los matrimonios con mucha frecuencia, a los cursillos prematrimoniales ingresa un número bastante alto y la mayoría realizan finalmente este sacramento. Ahora son colectivos,
pues hay pocos sacerdotes en una parroquia tan grande y con tantas actividades. Casi siempre se casa la gente los sábados, en las horas de la tarde y los meses de julio, septiembre o diciembre. Ahora más que dispensas se dan proclamas, sobre todo, cuando tienen urgencia de casarse, bien porque el novio sea del exterior, bien porque esté embarazada la novia, aunque en estos casos se habla mucho con los contrayentes para que no tomen decisiones apresuradas.
Viene a esta parroquia mucha gente a contraer matrimonio ya sea porque hace esa “promesa” o porque les agrada el templo o para alejarse de sus familias.