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Periódico El Mundo 20 de diciembre de 1997 Muy discutibles las reformas ortográficas

que propone García Márquez y poco convincente la actitud de Alvaro Mutis sobre la red de redes. Una tarea inaplazable para la lengua española.

“Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna...”

Gabriel García Márquez “He tenido oportunidad de leer algunos textos escritos en lo que allí se llama castellano y lo único que he logrado descifrar parcialmente es una sarta de anglicismos ligeramente españolizados y cuyo sentido se me escapa por entero.” Alvaro Mutis

Durante el Primer Congreso Internacional de la Lengua Es- pañola celebrado en abril del presente año en la ciudad mexicana de Zacatecas, los escritores colombianos Gabriel García Márquez y Alvaro Mutis pronunciaron sendos dis- cursos sobre temas importantes y polémicos. El primero de ellos propuso una reforma de la ortografía española, lo cual originó un cierto escándalo que en buen grado opacó ante los medios informativos otros temas tratados en el con- greso, en tanto que Mutis, al parecer con resonancia mucho menor, hizo un enjuiciamiento de los nuevos medios elec- trónicos de comunicación.

¿Jubilar la ortografía?

Numerosos comentarios adversos recibió desde el pri- mer momento la propuesta de García Márquez, algunos provenientes de personas que no conocían el conteni- do completo de su escrito. Se trata de un bello texto de cinco párrafos y menos de 800 palabras, en el cual ape- nas en parte de un párrafo se ocupa del asunto mencionado.

Para empezar, es del caso precisar que la propuesta del escritor fue más general pues en ella se habla de simplificar la gramática, uno de cuyos aspectos ten- dría que ver con la reforma de la ortografía. Sin embargo, la atención de varios comentaristas se cen- tró en este último tema.Sólo por tratarse de la opinión de un gran autor, además ganador de un premio Nobel de literatura, es entendible la discusión que se armó en torno de una propuesta vieja y discutida en forma reiterada.

Si se evita reacciones emocionales o tradicionales, debe aceptarse que la cuestión tiene interés pues la ortografía española no es muy sencilla ni completamente lógica. Con frecuencia se ha dicho que el español tiene una gran ventaja porque se escribe como se habla o como suena, pero ello no es totalmente cierto. Por ejemplo, el fonema (sonido ele- mental) k se representa a veces con la letra c, como en casa; otras veces con la combinación de letras qu, como en querer; y ciertas veces con la letra k, como en kilómetro. Para no hablar del acento ortográfico o tilde.

Es indudable que una simplificación de la ortografía fa- vorecería el aprendizaje del idioma, pero hay al respecto asuntos bastante problemáticos. ¿Quién emitiría el de-

creto simplificador? Para empezar, no hay acuerdo so- bre una iniciativa de este tipo, pues las propuestas van desde una reforma radical (un fonema será representa- do sólo por una letra o combinación de letras, y una letra o combinación de letras representará sólo un fonema) hasta reformas de menor alcance (por ejem- plo, eliminar la letra v, la letra h -salvo en la combinación ch, la letra k, y la doble letra ll -que se sustituiría por la letra y, a la vez que establecer tratados de límites, como diría García Márquez, entre ge y jota, o entre ese, zeta y ce).

La unidad y riqueza del idioma

Un auténtico tesoro de la lengua española es su unidad, en especial con referencia a la palabra escrita, al punto que puede afirmarse que no hay diferencias ortográfi- cas entre los países hispanoparlantes. Cualquier hablante medianamente culto puede leer sin ningún problema un periódico de Buenos Aires, Quito, La Habana o Ma- drid. La reforma mencionada podría poner en peligro esa unidad.

De otro lado, una simplificación puede significar un em- pobrecimiento. Las palabras escritas tienen las huellas de su origen y evolución. Ponen de presente raíces e influencias. Estudiar la ortografía a partir de elementos como los anteriores, y no con base en versos ripiosos o apuntes memorísticos, es enriquecedor. Con el adveni- miento del computador como medio para el aprendizaje, los estudiantes podrían escribir con ayuda de procesadores de palabras que les corrigiesen los erro- res ortográficos y que al mismo tiempo les explicasen las razones etimológicas, históricas o convencionales de determinadas grafías.

¿Cómo cambian los idiomas?

También debe decirse que los idiomas no cambian por decreto. Ellos son el resultado de construcciones co- lectivas a lo largo del tiempo, que evolucionan y se adaptan según las necesidades y usos de las comu- nidades que los hablan. No son las academias ni los gramáticos quienes dictan su recorrido vital. Son los grandes escritores quienes “fijan y dan esplendor” a las palabras, en especial aquellos que en momentos culmi- nantes encarnaron y resumieron el acervo acumulado de una lengua: Shakespeare en el inglés, Cervantes en el español...

El español y los medios electrónicos

La intervención de Alvaro Mutis en la reunión de Zacatecas lanzó un duro ataque a los medios electró- nicos como herramienta de comunicación. Sostiene el escritor que ellos atentan contra la intimidad del hom- bre y borran hasta el último vestigio de su humanidad, a la vez que echa de menos la comunicación frente a frente y de viva voz. Más adelante, deplora la baja calidad del español empleado en esos medios y considera apre- surado el entusiasmo de algunos por la inclusión de nuestra lengua en el campo de la informática. Sin em- bargo, termina con una visión optimista con respecto a la capacidad del español para sobrevivir y transformarse en épocas de cambio.

Las advertencias de Mutis tienen fundamento y no de- ben ser desechadas. Con razón, él considera su deber como intelectual señalar a la sociedad los peligros que la asedian en la nueva era de la informática y de la comuni- cación electrónica de alcance planetario. Sin embargo,

el análisis no puede limitarse a las visiones apocalípticas, a la descalificación radical y a la pasividad frente a los nuevos fenómenos.

Peligros y oportunidades

Desarrollos técnicos como el telégrafo y el teléfono acer- caron a las gentes y permitieron la intensificación de las relaciones interpersonales. No sustituyeron los encuen- tros presenciales y con frecuencia más bien los estimularon. Esos medios de comunicación proporcio- naron una alternativa feliz cuando el contacto frente a frente no era posible, así fuese muy deseado.

La red electrónica denominada Internet es un logro que potencia las comunicaciones tanto por su contenido (textos, datos, figuras, sonidos, voces e imágenes en movimiento) como por su alcance planetario. Está aquí para quedarse y su crecimiento año por año es vertigi- noso y sin precedentes. Es previsible que en pocos años dejará de ser un instrumento elitista para alcanzar sec- tores cada vez más amplios de la población mundial, pues los avances tecnológicos de este tipo tienen como sello los incrementos crecientes de capacidad y calidad acompañados por descensos notorios en los precios para el público.

La tarea por delante es aprovechar el nuevo medio para intensificar la cooperación entre intelectuales, científicos, artistas, académicos, empresarios hasta límites insospe- chados, auxiliar la expansión de los escenarios educativos, y establecer muy diversos tipos de relación entre ciudadanos de condición y origen bien distintos. No menos importante es la oportunidad que ya empieza a percibirse con respecto a la democratización de la in-

formación, eventualmente capaz de oponerse a la con- centración económica de los medios masivos y a la estandarización que dictan las agencias internacionales de prensa y televisión.

¿Aprovechar el ciberespacio?

Se dice que más del 80 por ciento del contenido de Internet es basura, y quien “navegue” por la red así pue- de confirmarlo. Pero al mismo tiempo pueden encontrarse sitios de gran seriedad y de valiosa información no obtenible en los medios tradicionales. No sobra decir que algo similar, aunque en menor grado, pasa con las bibliotecas: la mayoría de sus libros, revistas y documen- tos no tienen ninguna trascendencia, están mal escritos o son basura.

Se queja Mutis del maltrato que sufre nuestra lengua en muchos de los escritos que se colocan en la red electrónica. Esto es cierto, pero no hay ninguna razón para pensar que ello tenga que ser fatalmente así. De hecho se encuentran en aquella textos bellamente es- critos (entre paréntesis y aunque suene algo paradójico, este comentarista conoció la ponencia de Mutis gra- cias a Internet).

Resulta entonces sorprendente que el autor del dis- curso desconozca en forma total las potencialidades positivas de la red y parezca recomendar una posi- ción pasiva de espera. ¿Qué debemos esperar? ¿Que la lengua del imperio acabe de colonizar por completo el medio electrónico, como casi en forma total ya lo ha hecho con el cine y la televisión? Al contrario, apreciado maestro. La tarea del español es conquis- tar espacios crecientes en Internet mediante el

concurso de sus escritores, artistas, científicos, pe- riodistas y técnicos.

Nuestra lengua no tiene que adoptar actitudes tími- das ni vergonzantes ante el nuevo paradigma de las telecomunicaciones que se desarrolla frente a noso- tros.

La cuarta lengua más hablada del mundo, la lengua de los encuentros interculturales de que habla Carlos Fuentes, la lengua que ha cruzado mares y continentes con una unidad sin par, no puede perder la última par- tida del milenio.

Dos años después de las discusiones de Zacatecas, en 1999, la Real Academia Española publica el libro Orto- grafía de la lengua española, para cuya elaboración con-

tó con las 21 academias de los países americanos y de Filipinas, de modo que se trata de una ortografía panhispánica.

Decía el lingüísta Ángel Rosenblat que la unidad orto- gráfica es «la mayor fuerza aglutinante, unificadora de una amplia comunidad cultural...»

A raíz de dicha publicación, la propia Academia Española señala que su antiguo lema «limpia, fija y da esplendor» debería ahora entenderse como «unifica, limpia y fija».

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