Entre 1.000 Y 3.000 metros de altura posee el Distrito 2.000 kilómetros, con un clima ideal para la raza blanca, suelo fértil para el café, la caña, el maíz y todas las variedades del plátano, excluyendo el hartón. El café no fue muy simpático a la pasada generación, y por esta causa no contribuye sino con 40.000
arrobas a la exportación de tal fruto. Los urraeños se asfixiaban en el retirado recinto de sus actuaciones. Un viaje a Medellín era tarea para cuatro penosas jornadas, y hasta ocho para la carga. Los recios terciadores se dirigían al Atrato rompiendo la selva, humillada su frente y encorvado el torso robusto con cargas de 80 a 130 kilogramos, por pendientes resbaladizas y cuestas inaccesibles. Es admirable la resistencia de esos cargueros que dejaron una tradición de hazañas dolorosas, cual los boteros del Volga. Casi reducidos al intercambio mutuo en reducida escala, no tenía por qué prosperar la industria cafetera; pero hoy puede desarrollar esa actividad en grado igual a los mejores productores en el país. El millón de cafetos existente será, con mucho, la décima parte de los que pueden plantarse en condiciones excelentes de suelo y clima.
La mayor riqueza de estas zonas son las maderas útiles, como el corazón, de suave color encarnado, tan ligero como durable; infinitas variedades de laurel; el barcino, preferido para techos; el chaquiro, que da hermoso pulimento; cedros, de varias clases y, por sobre todas, el comino. Si hay madera perfecta es esa enhiesta laurácea, que crece espontáneamente desde el nivel del mar hasta la parte más habitable de nuestras montañas.
Descuella entre la selva milenaria como el campanario en las aldeas. Se contenta con el suelo estéril y aguarda sepultado por siglos y centurias sin perder ninguna de sus cualidades. Es como el áloe “amargo y oloroso”, ningún insecto lo taladra, la intemperie jamás los destruye. Ni el fuego, elemento que se complace en devorar, lo quema totalmente porque sus esencias le dan cierto grado de incombustible. Es incorruptible y amarillo como el oro y nunca el arte pudo copiar las volutas tornadizas que ostenta la variedad llamada
crespo. Si existieran poderes perpetuos harían bien en tomarlo por emblema. La misma cuna de comino sirve al nieto y al abuelo; sobre una mesa de comino se sirvió el pan de diez generaciones; uno el techo de comino que abriga la infancia y la senectud del montañés.
Como todo lo selecto, tarda en desarrollarse y dificulta su reproducción. Elástico, blanco y poco denso, se muestra compasivo del obrero.
Sólo el comino resiste por cuatro o más lustros el paso ponderoso de la flamígera locomotora; por esto tiene vital importancia las vías que conecten con los centros las regiones ricas en esa madera que los ingleses llaman gol wood.
El ilustre agrónomo Díaz Galindo dice:
“Indudablemente la región más rica en comino y otras maderas es Urrao, región que, a pesar de su aislamiento, ha sostenido el consumo de traviesas y maderas de comino por mucho tiempo. Una vía de comunicación a Urrao traería la solución de la escasez de traviesas tanto para el ferrocarril de Antioquia como para el troncal de Occidente.
“Como varias de las vías de salida que proyecta Antioquia tienen como punto obligado de tránsito a Urrao, como la carretera Bolombolo – Urrao –Solano, la Bolombolo – Urrao – Atrato etc. ..., sería muy importante adelantar la vía Urrao mientras los estudios posteriores marcan la mejor salida de ahí en adelante; siguiendo todavía a la parte navegable del Atrato de tendría una carretera la mar mucho más próxima y factible. Esa carretera siquiera hasta Urrao, pondría en contacto las principales vías férreas de Antioquia como una inmensa riqueza forestal”....
En la vertiente antioqueña hacia el Atrato está la savia necesaria para reanimar las gastadas comarcas centrales.
El maíz, “jefe altanero de la espigada tribu”, hincha un grano vigoroso y abundante en la tierra que llamamos templada, y no es raro cosechar hasta 37 hectolitros en una extensión de 6.400 metros cuadrados, es decir, una cuadra, que es la unidad usada entre las agrarias. El grano de este cereal tiene aquí excelentes cualidades nutritivas y se han seleccionado variedades de impecable forma y blancura. La producción se aproxima a 30.000 cargas anuales, y es aquí verdadera base de la alimentación. Las arepas urraeñas conservan aún aquel tamaño y color dorado que hacían el orgullo de los viejos antioqueños; ya la piedra, trono de la sirvienta descrita por Gutiérrez González, fue sustituida ventajosamente por los molinos, pero la cayana queda plena con una sola de esas tortas que simbolizan la abundancia. La troja de maíz indica la riqueza y es credencial de hombría campesina. Bien saben nuestros labriegos la influencia moral de una alimentación suculenta; en forma práctica aplican la parábola oriental enunciada así: “Cuando el diablo ve plantar una mata se pone mohino; cuando germina, tiembla, y cuando se muele, huye despavorido”.
El maíz es complemento estético de la vega y “ el más vistoso pabellón que ondea de la virgen América en las cimas.” Los hombres de hoy olvidamos el modo de sembrar y de regar las rocerías enseñado por G. González; el sentimiento que inspiró tal poema será eterno, y debiera ser obligatorio en toda escuela colombiana el aprendizaje de esas estrofas que “con gusto prohijara Virgilio”.
En esta altura empiezan a prodigarse las variedades de frisoles, rica leguminosa cuya producción abasta el consumo local y permite exportar para varios Municipios. Se distinguen los radicales, liborinos,
guamo y cargamento. El llamado frisol de vida merece el nombre, y si se conociera mejor, sería el grano de oro, por sus cualidades fertilizantes, su rusticidad invencible por ninguna plaga o meteoro y su producción casi peremne.
Más de seis mil cargas son el aporte del Distrito para el mercado local y el de varios circunvecinos. Nada es comparable a la belleza de las frisoleras en plena floración; la policromía de los pétalos resalta entre el verde uniforme de sus hojas, conjunto que el labriego contempla embelesado con voluptuosidad semejante a la que exhiben los tallos ceñidos a la caña del maíz, promesas gemelas de alegría, los dos granos que cantan a dúo el vigor y la ternura de nuestra Montaña.
Otras plantas de esta utilísima ostentan en la zona de que tratamos su gallardo perigonio y legumbres nutritivas: el chachafruto, cuyas propiedades, si fueran conocidas, le darían un cultivo extenso; habas, arvejas y guandú, constituyen ricos platos, aunque no abundantes; mil variedades de guamo proporcionan más que frutos, la sombra, hojarasca y bacterias fertilizantes para el lucrativo cafetal.
Pastos de la misma familia, carretón, alfalfa y amorseco, se transforman en lozanía para los numerosos ganados que pastan complacidos en estas alturas saludables. Son cincuenta los miles de vacunos, caballos y mulares que pueblan esta zona privilegiada; al oído del patriota es muy grato el coro formado por el bramido del toro, prepotente sultán de la pradera, con relinchos del caballo y de la mula, sin los cuales el hombre hubiera sucumbido en la lucha contra tantas breñas, y el amoroso mugido de la vaca, benéfico animal que tiene un trono de gratitud en el corazón de cada urraeño. La justicia exige para ella un monumento; lo encargamos a la posteridad que, por más culta, tiene que ser más agradecida.
Sobre estos prados gruñe libremente el panzudo ejército de nueve mil cerdos, perfectas alcancías que realizan el milagro de trocar los ceros en millones. Con sobrada razón le llaman “vestido del pobre” y pedestal de los ricachos. Algún paisa decía que para conseguir dinero pronto, es preciso engordar puercos o hacer una porquería.
Este filósofo gruñón exige muchas reivindicaciones contra el vulgo que lo insulta sin pensar en los muchos ejemplos y goces que le proporciona. Ni sucio, ni estúpido, ni feo; conozco grupos humanos que perderían mucho al entrar con él en parangón.
Como el cielo prodiga frecuentes lluvias, no hay una sola hectárea desnuda de vegetación. La selva cargada de maderas combustibles o industriales asciende vigorosa hasta los 4.000 metros de altura; el verdor impera hasta donde no alcanza la vista; la aridez es desconocida en el vasto perímetro que enmarcan los linderos urraeños.
Los ovinos están representados por unos pocos centenares, cuando darían crecida renta por su lana, leche y carne en un medio tan propicio.
Más de sesenta mil gallinas cacarean y escarban en los campos y poblados. Su influencia en el hogar es importante, pues la química ensalza los altos poderes nutritivos del huevo, producto muy usado en chozas y palacios. Las nidadas de huevos que esconden algunas avaras constituyen un triunfo, alegre y sin vencidos, a los chiquillos que las hallan. Donde hay huevos se desconocen los apuros, porque es manjar siempre grato en las múltiples formas de sus preparados. Un ejemplar de estas aves prolíficas esa casi la única propiedad de cada chiquitín, y nadie puede sustraerse al encanto que produce esta diana triunfal que entona los gallos como saludo para la fresca aurora.
Una gallina simboliza hasta hoy el afecto sincero con que se recibe la visita deseada, o al amigo que regresa a los lares nativos. Muy poco ganarán los que sientan sustituidos por jamones y rancho, y cervezas, la apetitosa trinidad de gallina, leche y arepa de chócolo con que festeja el campesino a sus amistades. Estas briosas luchadoras por el alimento cotidiano, que a todas horas entonan cantos de optimismo, merecen atenciones más científicas y cruces inteligentes con las famosas razas mundiales. La experiencia nos indica la mezcla de gallo puro, minorca, con gallinas criollas nativas.
Merecen mención en este ramo los invencibles gallos de pelea que han sostenido su fama en varios departamentos. Jamás aplaudiremos la bárbara costumbre de hacerlos despedazar en riña a muerte, porque la vista del peligro ajeno hace cobarde al hombre; pero el valor de estos animales, sí es admirable, como es admirable todo luchador que fenece sin quejarse. La cuidadosa selección usada por los galleros urraeños sería benéfica si en igual grado se cumpliera con otras especies domésticas.
Por la abundancia de caza, poseemos una casta de perros llamados finos, de larguísimas orejas, olfato delicado y resistencia tenaz, en largas persecuciones contra los animales selváticos. Los perros cazadores de este Distrito merecen el aprecio que, como a tales, se les tiene en gran parte de la República, y algunos ejemplares, casi alcanzan caracteres legendarios entre los locuaces aficionados de la cinegética.
Todo sujeto medianamente instruido conoce las excelentes propiedades del plátano en sus diversas especies. Esta planta, “que conservó íntegramente las cualidades que tenía el Paraíso”, se cultiva con entusiasmo creciente y rinde abundante cosecha. Es el área del dominico, el guineo y el enano, tan estrechamente ligados a los recuerdos escolares del urraeño, porque constituye el algo casi general de todo estudiante; y merece bien la preferencia por lo barato y tierno, y por su dulzura sólo superada por la del maritú. Ignoramos en qué se funda la medicina popular cuando indica la savia (mancha) de guineo como remedio contra la tuberculosis; pero si no tiene esa virtud, posee en cambio la belleza de las palmeras y ofrece todas sus partes; tronco, hojas, tallos y frutos para variadas industrias; el lomillo, que impide que la carga forme llagas a los animales de carga, con hojas de plátano se fabrica; las enjalmas, de la guasca, que es el mimo material usado para las esteras y en las coberturas de los quesos de ajo, competidores de los ultramarinos de Parma y Roquefort. Cien matas de plátano son garantía contra la miseria, y bien probado está que, en igual extensión, ninguna planta produce mayor cantidad de alimentos nutritivos.
Pasan de 35.000 las cargas de panel producidas en el Distrito; su calidad no tiene rival en el Departamento y se consume en varias poblaciones que tienen su despensa y granero en Urrao.
Hasta Cartagena va este producto por el cual desdeñamos el azúcar, cuyo color y sabor no tienen, ni con mucho, la misma intensidad. El campesino o la bestia agobiados por el trabajo, se sienten renovados al consumir algunas onzas de panela, fuente insuperable de calor y de energía.
El riachuelo La Honda separa las dehesas de los cañamelares, aunque en muchas fincas se producen simultáneamente la leche y la miel. Esta industria está muy extendida, más la rutina la enseñorea; todavía hay trapiches de palo, en que se pierde tiempo y manos de los obreros, y los de otra clase que llaman
matagente. Más adelante veremos la enorme fuerza hidráulica que salta en todos los sitios, y que hace censurable el uso cruel y estúpido de la fuerza de sangre. El verde – amarillo de la caña cubre muchas hectáreas del suelo urraeño, formando un motivo de orgullo para quien saben la influencia del alimento como sostén de la ciencia y la virtud.
Sería imperdonable no mencionar la arracacha al hablar de plantas útiles. El análisis químico demuestra su poder nutritivo, y los paladares afirman que es el revuelto insuperable para la carne; blanca, morada o amarilla, en todas formas, constituye elemento primordial en los almuerzos regionales, y no sería aventurado afirmar que sus propiedades medicinales son causa de la maciza contextura y envidiable colorido de las tierras frías, clima indicado para esta simpática umbelífera. Es muy grato el sabor de la pasta resultante de molerla con la adición de huevos, cebolla y chicharrones. Con harina de maíz y huevos se confecciona una torta muy sabrosa que, depositada por algún tiempo en miel de caña, hace más apetitosa las horas felices de la nochebuena. En la exposición celebrada en 1929 se exhibieron matas de 14 kilogramos de peso neto, sin hojarasca ni colinos. No tiene rival, ni entre los granos, para el engorde de cerdos y vacunos; en éstos aumenta la leche de modo notable. Los centenares de miles de matas cultivadas en el Municipio se consumen allí íntegramente, ya que el aislamiento de ese pueblo sólo permite enviar frutos valiosos a otros mercados.
Para no extender más este artículo, concluiremos por afirmar que la zona comprendida entre 1.000 y 3.000 metros, es un marco espléndido para prosperar holgadamente 200.000 individuos de la raza llamada blanca. Los 1.400 kilómetros de tierra baja son actualmente el paraíso de los negros, cazadores y buhoneros.