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El relativo aislamiento, de la provincia de Antioquia, las demás provincias y entre localidades vecinas, determinó que los núcleos urbanos, con funciones administrativas imperiales y mayor población fueran el blanco de revueltas y enfrentamientos. Los ricos antioqueños, entre tanto, se dedicaron a aumentar sus riquezas, en especial la clase comerciante que conocía los favores de la compra – venta de mercancías y de su papel como intermediarios. Esta acumulación se daba en un espacio donde continuamente los diferentes estamentos se enfrentaban. La enclenque justicia colonial no lograba conciliar los intereses y el cabildo inclinaba la balanza hacia el lado de sus conveniencias, cuando no era el sistema el que lo hacia.

“Silvestre critica duramente no solo a los jueces de los centros urbanos que estaban casi siempre en contubernio con miembros de la élite del poder local, sino también un sistema de justicia despreocupado por proveerla en el medio rural, donde era administrada por los pedaneos. En muchos de los casos ellos eran personas de poca instrucción, y por tanto, muy manipulables”.64

Itagüí, carente de contexto urbano, disemina su territorialidad en medio de campos de labranza y hatos, desde finales del siglo XVIII, y en el siglo XIX, aunque después de 1820, se empieza a configurar la plaza pública donde tardíamente se establecerá el poder republicano con un profundo sabor colonial, Esta ausencia material permitió que todo el territorio fuera público, carente de reservas, de reglas. Las actividades en torno al cultivo, recolección y transformación de la caña, debieron tener un profundo significado en estas gentes, del censo de 1786 siete personas aparecen con “trapiche” y por lo menos 3 son “cañeleros” (Ver cuadro N° 1).

El consumo de bebidas embriagantes fue generalizado, aunque no siempre castigado debido en parte a su relajamiento moral y en parte a la dificultad de castigar a los infractores en el momento de sus bacanales, por tratarse la región de grandes campos sin policías para vigilar y además por ser:

“muy fácil su destilación, y a tan corta costa, que no costará un frasco de aguardiente bueno y mejor que el del estanco, una peseta al particular, que lo puede vender a dos pesetas de monedas de Yndias, quando el Rey lo vende por cuatro o veinte rrs(sic)...65

El conocimiento de esta alquimia espirituosa generó un ambiente permisivo que cohesionó y subsanó la distancia física de los habitantes de Itagüí. El uso de guarapos, chichas, aguardientes, ”remos” o “anisados”, no sólo estaba relacionado con el relajamiento. Estas bebidas y en especial los aguardientes eran considerados benéficos;

“Supuesta la sencilla composición de este licor, de que antes es benéfico que perjudicial para la salud, y de que los espíritus que exhala el demasiado sudor de las tierras húmedas y calientes de aquellos comunes climas, en los esclavos de mina y campos, y demás casta de labradores y no labradores, los reanima; y vivifica...”66

Esta versión de un estimulante antiguo permitió durante muchas generaciones que los hombres perdieran su monotonía, desde los deliciosos mareos y cosquilleos de los primeros tragos, hasta la inconsciencia y relajamiento del cuerpo en la embriaguez total. Esta práctica fue perseguida siempre por razones distintas. En el siglo XVIII se hablaba del relajamiento moral, pero ¿quienes eran los relajados, los hijos que se embriagaban o quienes defraudaban al estanco del aguardiente? En el siglo XIX esta práctica se penaliza, generalmente ocupando el infractor en obras públicas o frentes de colonización. Fueron pues ebrios, vagos y mendigos, los gestores materiales de la expansión y colonización antioqueña del siglo XX.

”Al empezar el siglo XIX en 1808 se decía que en Medellín y Envigado había más de quinientos vagos cuya ocupación era la de robar los frutos ajenos y fomentar los vicios”67. Estos marginados entraron a las filas de los ejércitos criollos durante la independencia. Allí también podían ascender rápidamente en el status social los que más, los que menos saldaban su deuda con la sociedad, limpiaban su pecado exponiendo su vida.

65 Ibid. p. 361. 66 Ibid. p. 359.

“Durante la Colonia los privilegios corporativos habían estado monopolizados por las ciudades y villas españolas pero en la República, con la erección de nuevos pueblos y parroquias, estos privilegios se generalizaron, confiriendo a sus habitantes el título de ciudadanos y de fieles católicos”.68

Las transformaciones políticas son antes de orden semántico que real, aunque a nivel administrativo y político se reforman funciones gubernamentales. Este proceso obedece a un desconocimiento en el arte de gobernar más que a unos objetivos claros obedientes de alguna propuesta. El grueso de la población no tenía conocimiento de lo que realmente pasaba, había participado en las luchas de independencia obedeciendo a jefes políticos locales, muchas veces sus propios patrones y estancieros, pero no tenían ninguna claridad política de lo que en esos años estaba sucediendo.

El sistema autoritario y vertical no transformó definitivamente el sistema social colonial. Permitió que moderados sectores ascendientes de la población entraran a formar parte de la burocracia republicana, aunque en general los funcionarios del antiguo orden, lo siguieron siendo en la nueva nación.

Las contribuciones coloniales traspasadas a la República, grababan las ventas, el quinto de la explotación de metales preciosos y se siguió cobrando el diezmo. Se grababa directamente la propiedad y la renta, aunque esta ley no se cumplió cabalmente durante el siglo XIX por carecer de registros que señalaran propietarios y predios. Esta sería una preocupación constante de las clases políticas del siglo XIX, ante la ambigüedad de los, límites políticos un ciudadano podía evadir fácilmente su responsabilidad tributaria. En 1832 el señor José Gabriel Escobar es requerido para pagar impuestos indirectos a los que obligaba la ley local del distrito parroquial, ley inscrita en el marco constitucional. Don José Gabriel alega que: “Por acomodo a mis intereses y reposo” se segregó de la nueva erección, avecinándose en Envigado, donde compró una casa de teja para él y su familia, por lo tanto no tiene que “hacer contribuciones a la vez en dos curatos”, y pide ”se sirvan declararme por libre, (...) y ecento de toda clase de pensiones en la nueva erección de Ytagui”. (sic).

68 ARANGO, Gloria Mercedes. La mentalidad religiosa en Antioquia. Prácticas y discursos. 1828-1885. Medellín: Universidad

El jefe político de Medellín pide al alcalde primero parroquial de Itagüí que informe lo que sabe de esta situación. Aunque el señor Escobar si compró una casa en Envigado y estuvo allí algunos días, éste ha vuelto y

“está asistente en Ytagui en donde esta con toda su familia en su casa que es donde tiene su bien estancia de porción, ganado y bestias, cañausal y (...) es lo que devo informar sobre el particular”, “por estos fundamentos se declara que el señor Gabriel Escobar debe pagar las contribuciones en Ytagui” (sic)69.

En el transcurso del siglo las autoridades civiles y eclesiásticas fueron muy incisivas en el cobro de contribuciones, aunque no fueron eficaces, La dispersión de la población, la movilidad de los ciudadanos por las continuas guerras, la ausencia de registros y la complicidad local, impedían jugosas recaudaciones. En Itagüí estos factores unidos al bajo nivel de vida local fueron determinando su caracterización de “pobre”, no sólo en el siglo XIX sino aun después de 1900. Esta situación empezó a hacerse cotidiana y el jefe político de Medellín resuelve:

“que todos los individuos que teniendo casa en Ytagui y por libertarse de las contribuciones parroquiales se hagan empadronar en Envigado o en cualqa., otra parroquia sin pasar a establecerse a ella radicalmente con su familia, sean obligados a la contribución de Ytagui”70. (sic)

69 A.H.A. REPUBLICA. TOMO 1323 N° 17604. 70 A.H.A: REPUBLICA .TOMO 1054 N° 15216.

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