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Más o menos por la misma época en que Justino escribió las palabras ya citadas, se suscitó una controversia sobre la autoridad y valor de las Escrituras hebreas. En parte, esa controversia se

debió a que algunos cristianos intentaron rechaz- ar todo lo que fuese de origen judío.

Algunos creyentes cristianos se opusieron de tal forma al judaísmo que llegaron al extremo de intentar romper toda conexión entre su fe y la religión de Israel. Por ejemplo, aunque fue una secta muy poco conocida, los ofitas (seguidores de la serpiente), decían que el verdadero héroe en el huerto del Edén había sido la serpiente porque intentó liberar a los humanos del poder tiránico del Dios de los judíos. Los caininitas, tuvieron opiniones semejantes, aunque para ellos Caín fue el gran héroe. No está completamente claro hasta qué punto esas sectas hicieron uso de algunas de las doctrinas cristianas. En todo caso, Marción fue el más famoso y el más influyente de entre los cristianos que intentaron desconectarse de todo lo que se relacionara con la fe de Israel.

Marción nació en la ciudad de Sinope, en el Mar Negro, y fue hijo del obispo cristiano de esa ciudad. Aunque se sabe poco de su juventud, a mediados del siglo segundo lo encontramos en

Roma donde sus enseñanzas empezaron a causar gran revuelo. Con el tiempo, sus seguidores se apartaron de la iglesia y fue así que surgió la ig- lesia marcionita con sus propios obispos y es- tructuras. La existencia de ese cuerpo eclesiástico rival fue la razón por la cual Marción fue tan in- fluyente, y la razón por la que algunos de los líderes intelectuales de la iglesia (que escribieron tratados polémicos contra los judíos) también es- cribieron tratados contra Marción.

Según Marción, no solamente había un con- traste bastante marcado, sino hasta oposición entre el Dios de la Biblia hebrea y el Padre de Jesús. Ni siquiera eran dos conceptos diferentes sobre Dios, ¡en realidad eran dos dioses difer- entes! Según Marción, el Jehová de la Biblia hebrea era un dios inferior, un dios que—ya fuera por ignorancia o por maldad—había creado este mundo y ahora lo gobernaba. Este era un dios vengativo que insistía en la justicia y en el castigo por la desobediencia, y cuya veleidad se mani- festaba en el hecho de que había escogido arbit- rariamente a los judíos como su pueblo privilegi-

ado. En contraste, según Marción, el Padre de Je- sucristo—y el Dios de la fe cristiana—se encon- traba muy por encima del pequeño dios de Israel, y muy por encima de cualquier preocupación por lo material o el mundo físico. Este Dios altísimo perdonaba al pecador en lugar de demandar que se le pagara hasta lo más mínimo que se le debía. Éste no era el dios de la ley y la justicia, sino el Padre de amor y gracia, y el que había enviado a Jesús a este mundo de Jehová para salvar lo que se había perdido, es decir, a los espíritus humanos que Jehová había aprisionado en este mundo ma- terial que había creado.

Según Marción, muy pronto la mayoría de los cristianos se olvidaron de ese mensaje, y sola- mente Pablo, el apóstol de la gracia, conservó el mensaje de amor y perdón del Dios altísimo. A pesar de ello, Marción decía que hasta los mis- mos escritos de Pablo habían sido secuestrados por personas que no habían entendido ese mensa- je, ni veían el contraste entre Jehová y el Padre. Así que corrompieron las epístolas de Pablo e in-

trodujeron en ellas todo tipo de referencias a la Biblia hebrea y al Dios de Abraham y Jacob.

Por eso, a diferencia del resto de la iglesia, Marción rechazó las ancestrales Escrituras de los judíos, no porque fueran falsas en el sentido de que faltaran a la verdad, sino porque eran la ver- dadera revelación ¡pero de un dios inferior! Fue por eso que se sintió obligado a proponer una nueva Biblia cristiana, una que no incluyera los libros de los judíos o alguna referencia a esos lib- ros por muy positiva que fuera. En realidad ese fue el primer canon del Nuevo Testamento, que incluyó diez epístolas de Pablo y el evangelio de Lucas. Y es que, según Marción, este último fue uno de los verdaderos intérpretes del mensaje cristiano por haber sido acompañante de Pablo. Sin embargo, ¿qué hacer con las referencias a las Escrituras hebreas que contenían el evangelio de Lucas y las epístolas de Pablo? Marción dijo que habían sido introducidas en el texto original por «judaizantes». Por lo tanto, los escritos de Lucas y Pablo tenían que ser limpiados de cualquier ref- erencia a la Biblia hebrea o al Dios de los judíos.

El resto de la iglesia se escandalizó con esas en- señanzas.

Aunque es cierto que había conflictos y com- petencia entre judíos y cristianos, éstos últimos siempre habían reconocido sus raíces judías. La discusión con el judaísmo era sobre el asunto de si Jesús era el Mesías o no, pero nunca si el Dios de Abraham era el verdadero y Dios altísimo, o si ese Dios había creado todas las cosas. Los textos de las Escrituras hebreas, que hasta ese entonces los cristianos habían empleado para probar a los judíos que Jesús era el Mesías, ahora habían em- pezado a tener un uso diferente. Es decir, se em- plearon para probar que los libros donde aparecían esas declaraciones proféticas en verdad eran la Palabra del mismo Dios que había hablado en Jesús. Por ejemplo, aunque por mucho tiempo los cristianos habían afirmado que el pasaje de Isaías 53 predecía que el Mesías sufriría (y contra el judaísmo lo habían usado para probar que Jesús era el Mesías), ahora lo usaron para refutar a Marción y probar que lo dicho por Isaías en ver- dad era Palabra de Dios.