5.4 Availability
5.4.2 Internal Attackers
En un estudio como éste siempre es posible organizar el material de dos maneras diferentes. La primera de ellas es cronológica. Para seguir este tipo de esquema, sería necesario dividir la historia del cristianismo en varios períodos. Si lo hiciéramos así, primero tendríamos que dis- cutir las diversas doctrinas cristianas dentro de un período particular (por ejemplo, hasta antes del tiempo de Constantino), luego pasaríamos a otro período y así sucesivamente. La segunda op- ción sería organizar el material de manera temát- ica. En este caso sencillamente seguiríamos el or- den más o menos tradicional de los temas teo- lógicos, así que habría un capítulo sobre la rev- elación, otro sobre Dios, otro sobre la creación y así sucesivamente. Y en cada uno de esos capítu- los seguiríamos el desarrollo de esa doctrina par- ticular desde los tiempos más tempranos hasta el presente. Cada uno de estos métodos tiene sus ventajas y desventajas, y lo cierto es que resulta
imposible ceñirse a uno de ellos sin que de alguna manera caigamos en el otro.
La manera en que he decidido acercarme al desarrollo de las doctrinas es una combinación de los dos métodos mencionados. Se basa sobre el hecho de que en diferentes tiempos los temas teo- lógicos que han sido el centro de atención y dis- cusión fueron diversos. Por ejemplo, aunque es posible encontrar discusiones acerca de la Trin- idad tanto antes como después del siglo cuarto, fue en este siglo que esa doctrina específica sur- gió como tema principal en el debate teológico. En ese siglo también se tomaron las decisiones que marcaron buena parte del desarrollo posterior de la doctrina trinitaria. De igual manera, aunque la cristología siempre ha sido—y seguirá siendo—tema central de toda discusión teológica, fue en el siglo quinto que se convirtió en el centro de atención y cuando se tomaron decisiones que desde ese entonces señalarían los límites de la creencia cristológica.
Tomando todo esto en cuenta, los capítulos de esta obra se han organizado de tal forma que cada uno se ocupa de un tema doctrinal particular (las Escrituras, Dios, la creación, la humanidad, la cristología) y en cada uno de ellos se bosqueja el desarrollo histórico de esa doctrina de la iglesia. Pero también está organizado de tal forma que aproximadamente los diferentes capítulos siguen el orden cronológico en que aparecieron esos temas doctrinales y se convirtieron en el tema central de la discusión teológica. Por ejemplo, el capítulo acerca de Dios y de la Trinidad princip- almente tiene que ver con discusiones que tuvi- eron lugar en el siglo cuarto y aparece antes del capítulo sobre la doctrina de Cristo, que fue el tema principal de debate durante el siglo quinto.
Quizá una imagen pueda ayudar a explicarlo mejor. Imagine que cada uno de los capítulos que siguen es una carretera. A lo largo de ella el tráfico fluye a un paso más o menos regular. Con- forme avanza por la carretera, apenas piensa en el tráfico. Sin embargo, en cualquier carretera hay algunos lugares donde el tránsito se congestiona.
Es posible que se deba a diferentes factores: vari- as carreteras confluyen en un punto, hay un cruce particularmente complicado, una abrupta subida o algo parecido. Si pensamos en cada tema teoló- gico como una carretera en la que el tránsito fluye a través de los siglos, el lugar donde el tránsito se congestiona es el momento particular en que esa doctrina dominó la discusión teológica, o cuando el debate sobre ella arrojó decisiones que desde ese entonces marcaron la historia de la teología cristiana. En algunas carreteras, el tráfico se con- gestionará antes que en otras. Por ejemplo, la iglesia debatió el tema de la Trinidad antes de discutir si la salvación era por la fe o por las obras. En las páginas que siguen, las carreteras donde el tráfico se congestionó en fecha más tem- prana—los temas que más se debatieron al princi- pio—aparecerán primero y luego vendrán capítu- los sobre los temas que se debatieron más tarde. Sin embargo, cada capítulo bosquejará el desar- rollo de los temas que se están tratando a través de toda la historia del cristianismo. Por ejemplo, aunque el capítulo sobre cristología se concentra
en los debates del siglo quinto, también sigue es- os debates a través del tiempo. Dado que cada capítulo resume toda la historia, cada uno con- cluye con algunas observaciones acerca de la im- portancia que para el día de hoy tienen los temas que se debatieron en aquel entonces.
Este bosquejo sería bastante sencillo, de no ser porque algunas carreteras se congestionan en más de un punto. Por ejemplo, el lugar de la tradición en el pensamiento y vida cristiana fue un import- ante tema de discusión en el segundo siglo, pero también en el dieciséis; y el papel y participación del ser humano en el proceso total de la reden- ción se ha discutido acaloradamente en diferentes épocas. En esos casos he tomado decisiones que, aunque de alguna manera son arbitrarias, se bas- an en mi percepción sobre la mejor manera de presentar el argumento clara y brevemente. Con- fío en que los lectores me disculparán si en algun- os puntos fallo para dejarlo todo suficientemente claro al seguir este bosquejo.