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in conocerlo personalmente a Osvaldo Bayer siempre lo sentí cercano, no digo como un amigo, pero si como uno del barrio, como alguien familiar, es por eso que voy a escribirle, de entre casa, sin pretensión de rigurosidad.Nosotros éramos jóvenes «marxistas-leninistas», o que pretendíamos ser- lo, no sabíamos mucho de los marxistas ni de los anarquistas, de sus grandes enfrentamientos teóricos y de los graves hechos históricos. De Trotsky y los marineros del Kronstand, de la Guerra Civil Española, de tierra y libertad o del V Regimiento, de Buenaventura Durruti, de Andrés Nin o de la Pasionaria, de la CORA y de la FORA, del V o del IX Congreso, o algo quizás sí, pero nebuloso. Por escritos de Osvaldo, de segunda o tercera mano, supimos de un anarquista que se llamaba Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia, de sus luchas, de sus periódicos y de sus bombas, fusilado por Uriburu, el general, y de su * Nació en Chivilcoy, en 1948. Desde niño se sintió atraído por las actividades políticas y sociales. Inició su militancia en 1968, en el socialismo, y en 1971 se incorporó al PRT-ERP. Fue dirigente de Propulsora Siderúrgica y de la Coordinadora de Gremios en lucha. Ocupó distintas responsabi- lidades partidarias y fue elegido miembro de su Comité Central en 1975. A fines de 1977, desde Brasil, dirigió la segunda etapa del repliegue partidario –exiliándose luego en Nicaragua y partici- pando de la gesta sandinista de 1979– y estudió marxismo en la Escuela del PC Cubano. Regresó a la Argentina en 1983, se graduó de Profesor de Física y Matemática. Como tal contribuyó a la fundación de sindicatos en su gremio y mantiene una activa militancia para la construcción de un partido de los trabajadores. Recopiló en dos tomos, documentos del partido A vencer o morir PRT- ERP, El PRT-ERP y el Peronismo. En 2010 publicó su obra más extensa sobre la organización política armada guevarista: Historia del PRT-ERP por sus compañeros.
86 | OSVALDO BAYER por otras voces
compañero Ludovico Scarfó quien fue encontrado por la policía tirado en una zanja famélico, desmayado por el hambre y que, al ser interrogado por su esta- do pero teniendo cincuenta pesos en el bolsillo contestó: «eso es del sindica- to». No era un marxista pero era un ejemplo de lo que debe ser un militante, nos ayudaba a forjarnos y a forjar a esa nueva generación de militantes que nacía con un pie antes y otro después del Cordobazo. Y, en todos los planos, aquellos anarquistas nos aportaban que además de la teoría había que pasar a la práctica y a la acción. Luego vino La Patagonia Rebelde. ¡Qué podemos decir de esa obra maestra de la literatura y del cine! De esa pieza de amor al proletario y al proletariado, y de los Vengadores de la tragedia quienes nos recuerdan que la lucha continuará, pese a todo, mientras haya explotación. De sus relatos de los años cuarenta y del negociado con las tierras del Palomar, concluimos que corruptos hubo siempre, pero con la diferencia de que antes había vergüenza: por aquel negociado un diputado se suicidó y cinco renunciaron; muchos fun- cionarios de la actualidad la han perdido, por eso no son otro caso que sinver- güenzas.
A Osvaldo lo leímos muchas veces y lo escuchamos algunas. En una opinión apresurada dijimos que escribía mucho mejor de lo que hablaba. No hace mu- cho, en 2005, lo invitamos, por intermedio de Julio Ferrer, para hablar del anar- quismo y del socialismo en la Cátedra del «Che». Nos dijo que sí, pero nos manejó la fecha, no fue casual que solo pudiera el 11 de octubre, lo tomamos como una atención para con la Cátedra y sus alumnos que ese día fueron más que muchos.
Cuando llegó y hablamos con él se nos reveló como lo presentíamos, fami- liar, compañero, amigable. Teníamos asignada un aula para cien personas, tuvi- mos que salir al hall y armar improvisadamente un equipo de sonido. Como Fidel en la Facultad de Derecho, Osvaldo en la de Humanidades de La Plata. Nos habló del 12 de octubre y, después, del genocidio, aquel de Roca Julio, el Argentino, y de la bolsa de Ataliva. En la segunda hora cumplió con el pedido, y nos contó del socialismo y del anarquismo, de aquí y de allá. Algún joven militan- te le pidió definiciones a favor o en contra del leninismo. Osvaldo le contestó con la sabiduría del veterano que incluye el respeto. Y volvió a Julio el Argentino
y su estatua gigante que nos recuerda dónde está el poder, a Mitre, al Coronel Varela, a Falcón, Ramón L., el de la calle, el asesino de 1909, a Colón, a Cortés, a Pizarro, a Ménem, a Videla, e integró pueblos originarios, proletarios, campesi- nos, pobres y postergados de siempre, libertad, justicia, anarquismo, socialis- mo…, y el futuro.
Antes de finalizar se lo invitó para la próxima, para seguirla; estamos en deuda. Nos ayudó a entregar los certificados de los alumnos destacados. Lo aplaudimos y lo acompañamos hasta la puerta, estaba contento. Le dijimos con satisfacción que ese día había hablado como escribe.
Para terminar, un breve homenaje a Osvaldo, utilizando sus palabras que, sentimos, hoy las podemos decir de él:
«Actualmente, el anarquismo argentino es solo un recuerdo, una tradición, una línea histórica –tal vez la más pura en luchas y sacrificios– del movimiento obrero. Pero si bien la ideología quedó atrás, el movimiento obrero que nació con ella y después marchó por otros rumbos, sigue inalterable. Ninguna de las dictaduras militares ha podido destruirlo. La conciencia de los derechos obre- ros sigue permanente. Ese tal vez es el mérito de los Malatesta, de los Gori, de los inmigrantes italianos y españoles y de otras nacionalidades que llegaron al nuevo suelo y dedicaron todas sus horas libres y hasta sus vidas enteras a la politización del proletariado que se iba formando. El recuerdo de ese mérito es el homenaje a todos aquellos que fueron expulsados por leyes represivas, o fueron asesinados o sufrieron cárceles por sus ideas».