El 8 de junio, la Junta ordenó a las autoridades de Salta, Tucumán, Jujuy y Santa Fe que capturaran a los contrarrevolucionarios de Córdoba si pasaban por sus jurisdicciones:
manda la Junta que ponga V. S. en movimiento todo su celo y todos los arbitrios que penden de sus facultades para atajar el paso á Don Santiago Liniers, al Gobernador Concha, Obispo de Córdoba, Teniente Gobernador Rodríguez, Oficial Real Moreno y Coronel Allende. Cual- quiera de estas personas que pase por esa ciudad deberá ser detenida; y remitida á esta capital con segura custodia, quedando V. S. respon- sable á los gravísimos males y perjuicios que causarían estos indivi- duos si lograsen internarse, en las Provincias de arriba, si por falta de vigilancia ú oposición lo verificasen, y para que así no suceda no omitirá medio, acción ó arbitrio sea cual fuese con tal que conduzca á la ocupación de sus personas lo que á todo trance debe realizarse. El Coronel Don Diego Pueirredon es encargado particularmente por la Junta para este asunto; y á él franqueará V. S. todos los auxilíos que pidiese para su desempeño.
Dios G–.de á V S. Julio 8 de 1810.
Sr. Gobernador Intendente de Salta — IImo. Cabildo, Justicia, y Reg- mto. de Salta — ídem de Tucuman — ídem de Jujuy — Sr. Coman- dante de Armas de la ciudad de Santa Fe.
El coronel Diego Pueyrredón fue comisionado para su captura, trasladán- dose posteriormente a Jujuy, desde donde adelantó al teniente Martín Miguel de Güemes a la quebrada de Humahuaca con una partida de observación:
La Junta Comisiona á V. S. para la prisión de ellos, y su remisión con segura custodia á la Capital y espera que su acendrado patriotismo se desplegará de mil modos para asegurar el éxito de una comisión que es de la mayor importancia á la causa pública. Se acompañan las ór- denes á ese Cabildo y á el Gobernador de Salta para que V. S. haga de ellas el uso conveniente, y espera la Junta que la patria no se arrepen- tirá de haber encomendado esta diligencia á un hijo que siempre se ha distinguido en su servicio.
Dios Gde. á V. Buenos Aires Julio 8 de 1810. Sr. Don Diego Pueirredon.
El 13 de julio, la Junta reiteró a la Junta en Comisión de la expedición la remisión de los contrarrevolucionarios si fueran capturados:
Ya ha comunicado á V. E. La Junta, que irremisiblemente deben venir presos á esta ciudad con segura custodia, el Obispo, Concha, Liniers, el Teniente Rodríguez, el Coronel Allende, el oficial Real Moreno, el Alcalde Piedra y el Síndico Procurador. Cualquiera de estas personas que llegue á aprenderse para lo que no se omitirá medio alguno, SERA REMITIDA AL MOMENTO sin darle la menor espera [...] Se sabe que el Obispo piensa salir á encontrar nuestra Expedición, si tal hace, no se le admitirá propuesta alguna, sino que agarrándolo alli mismo, SE LE REMITIRÁ BAJO SEGURA CUSTODIA Á ESTA CAPITAL, sin permitir que por caso alguno vuelva á entrar en aquella ciudad.
Cuando el 21 de julio la expedición llegó a la jurisdicción de Córdoba en la Guardia de la Esquina, las milicias cordobesas desertaron en masa. El 27 de julio, la Junta envió una circular a varios cabildos anticipando la huida:
Siendo de recelar que los autores de la escandalosa convulsión susci- tada en Córdoba tomen el partido de la huida luego que nuestra espe- dicion se acerque á aquella ciudad y siendo sobremanera interesante á la tranquilidad pública y bien del estado la aprehensión de estos de- lincuentes que tanto han comprometido nuestro sosiego, ha resuelto la junta prevenir á V. S. tome las más eficaces disposiciones para que si pasasen por esa jurisdicción sean aprehendidos Dn. Santiago Li- niers, Don Juan Gutiérrez de la Concha, Obispo de Córdoba, Oficial Real Moreno, Teniente Asesor Dn. Victorino Rodríguez, Coronel Rodríguez, Coronel Allende y todos cuantos vayan en fuga de Córdo- ba, los cuales remitirá V. S. inmediatamente á esta con la mas segura custodia, obrando con la cautela y vigilancia que son precisas para que no quede ilusoria esta providencia; cual realización fia la Junta al celo y patriotismo de V. S. y así como se reportaría un servicio impor- tante al estado, también será responsable V. S. de la menor omisión que deje sin efecto esta resolución.
Dios G.de á V. S. Julio 27 de 1810.
II.tmos Cabildos de la ciudad de San Luis — Santa Fe — San Juan — Mendoza — Rioja — Jujuy.
Los líderes contrarrevolucionarios decidieron el 27 de julio adoptar el plan originario de Liniers y partir hacia el Norte con cuetrocientos hom- bres seguidores que les quedaban de las deserciones y nueve piezas de artillería junto con setenta mil pesos del erario público, saliendo de Cór- doba el 31 de julio en dirección al Alto Perú, lo cual fue comunicado por Ortiz de Ocampo a la Junta el 1 de agosto:
Exmo. Señor – Acabamos de saber por Don Faustino Allende que ayer á medio día han salido de Córdoba camino del Peru el Goberna-
dor Concha, el Sr. Liniers, el Obispo, el coronel Santiago Allende, Don Victorino Rodríguez y el oficial Real, Moreno llevando consigo nueve piezas de artilleria volante del calibre 4, 6 y 8, con algunos carruajes, y tres cientos ó cuatro cientos hombres con fusil y chuza... Esa misma noche del 31 desertó una com-
pañía de cincuenta hombres, acentuándose la deserción en los días siguientes hasta el punto de quedar sólo una compañía de Par- tidarios de la Frontera. Entre el Totoral y Villa Tulumba se dispersó también esa últi- ma compañía de veteranos a la vista de los jefes. Durante la noche se dispersó la caba- llada. En ese último punto se incendió el ca- rro de pólvora y municiones y, al negarse el maestro de la posta a suministrar caballos, fueron clavados los cañones y quemadas las cureñas.
Cuando se hallaban entre San Pedro y Río Seco, un chasque los alcanzó para darles aviso de que la avanzada expedicionaria ha- bía entrado en Córdoba y salía un destaca- mento en su persecución.
Al recibir la expedición noticias seguras y repetidas de que Liniers había partido con sus fuerzas rumbo al Norte, González Balcarce se ade- lantó el 1 de agosto con trescientos hombres en su búsqueda, realizando una marcha forzada que le permitió recuperar los seis días que les lleva- ban de ventaja.
El día 5 de agosto ingresó en Córdoba el destacamento de trescientos hombres en busca de Liniers y los demás jefes. Doscientos veinticinco soldados permanecieron en la ciudad y los otros setenta y cinco continua- ron inmediatamente la persecución. Los fugitivos, al enterarse en una posta sobre la partida del destacamento, habían decidido dividirse en grupos.
Abandonaron los coches y continuaron a caballo junto con algunas mulas de carga, dejando en libertad de regresar a la ciudad a los pocos hombres que aún les eran fieles. Liniers, con su ayudante Lavín y su capellán, el canónigo Llanos, se dirigieron al Oeste hacia las sierras de Córdoba. Ore- llana, disfrazado de clérigo, el capellán Jiménez y otro religioso buscaron refugiarse en la propiedad de un cura párroco, a quien dejaron mil pesos, y se dirigieron hacia el Este. Gutiérrez de la Concha, Rodríguez y los demás continuaron viaje por el camino de las postas. Liniers envió desde allí al clérigo García y a su oficial ayudante Miguel Sánchez Moscoso para comu- nicar al gobernador de Potosí lo que estaba ocurriendo, pero, a pesar de que lograron llegar a Salta burlando a las partidas, fueron capturados por las guardias de Diego Pueyrredón, al mando de Martín Miguel de Güemes. Puestos a disposición del gobernador de Salta Isasmendi, se les dejó conti- nuar viaje por no hallárles papeles comprometedores.
González Balcarce llegó al día siguiente al punto de dispersión. Alerta- do por delatores de las direcciones seguidas por los prófugos, destacó par- tidas en su búsqueda. La noche del día 5 de agosto, González Balcarce dio con dos hombres que guardaban unas mulas, que confesaron que eran de Liniers, quien se hallaba en un rancho a tres cuartos de legua de allí. Desta- có entonces hacia allí un piquete que comandaba el ayudante de campo José María Urien, quien capturó a Liniers en la estancia de Piedritas (cerca de Chañar) el 6 de agosto. El día 7 fue capturado Orellana por el alférez Rojas, a ocho leguas de donde se halló a Liniers. Ambos fueron maltratados por los soldados. En la travesía de Ambargasta, el teniente Albariño capturó a Gutiérrez de la Concha, a Allende, al asesor Rodríguez y al primer oficial mayor Moreno. Este último transportaba treinta mil pesos fuertes retirados del erario público de Córdoba, que desaparecieron luego de confiscados.