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Examining the microprocessor

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ntrando a la ciudad de Rosario observó las villas que bordean al Boulevard Nicasio Oroño y, llegado el momento de abrir el debate en el Encuentro por la Unidad Latinoamericana –el 29 de abril del 2006–, cambió el discurso que tenía pensado, para centrarse en una descripción impecable de lo que acababa de presenciar y en una exaltación a luchar contra la injusta realidad que vivían los que habitaban aquellas construcciones inhumanas. Enseguida abordó lo enga- ñoso de los anuncios gubernamentales, que hablaban de grandes avances eco- nómicos para los argentinos, resaltando que esos avances eran para los pocos argentinos que gozan –y han gozado– de privilegios, a costa de la marginación de otros. Inmediatamente pasó a preguntarse qué «independencia» creaba el pagarle más de diez mil millones de dólares al FMI, mientras la gente estaba sin

* Nació en octubre de 1941, en San Nicolás, en el seno de una familia de clase media. Su primera militancia fue en la escuela secundaria defendiendo la enseñanza laica allá por el año 1958. Co- menzó la carrera de Ciencias Económicas en Rosario. Trabajó como obrero en el frigorífico Swift, participando en la lucha sindical y política. Miembro de la dirección del PRT-ERP, desde 1971 desarrolló su militancia en la clandestinidad. Participó en hechos como la fuga del penal de Rawson y la guerrilla en Tucumán en la Campaña de Monte Ramón Rosa Jiménez. Combatiente internacionalista en la guerra de liberación de Nicaragua y fundador del MTP (Movimiento Todos por la Patria), fue secuestrado en México en 1995 por los servicios de inteligencia argentinos. En Julio de 1997 fue condenado a cadena perpetua en un juicio irregular por los hechos de la Tablada. Después de la lucha de los organismos de derechos humanos y de los propios presos, Duhalde, a fines del 2002, lo indultó. Murió a fines de 2006.

90 | OSVALDO BAYER por otras voces

cloacas, sin agua potable, sin trabajo, sin… Osvaldo optó por no hablar sobre proyectos de futuro, para convocar a trabajar por la solución a la injustificable tragedia presente.

Como historiador y periodista –quienes lo leyeron ya lo saben– es un investiga- dor agudo e íntegro. Como persona es ajeno a cualquier oportunismo, e incapaz de aprovechar su prestigio en beneficio propio. Es alguien que utiliza los honores que le brindan los gobernantes (Ciudadano Ilustre de Buenos Aires, de Rosario, etc.) para buscar objetivos justicia y verdad para la sociedad en su conjunto.

Así es como –por ejemplo– se presentó a los legisladores que votaron a favor de brindarle un merecido reconocimiento, para explicarles por qué el monumento a Roca es una ofensa a los hombres y mujeres decentes de nues- tro país. Se trata de un monumento que reivindica a quien practicó el extermi- nio de pueblos originarios con el fin de apoderarse de los territorios que eran su hábitat, y por eso les solicitó que enmendaran ese agravio a la población. Al no lograrlo corroboró que el reconocimiento a su trayectoria se contradice con la falta de voluntad para rectificar la versión sobre un drama histórico, del cual la abrumadora mayoría de los legisladores son plenamente concientes. Pero continúa, sin desviarse un milímetro, por su derrotero.

Una de mis hijas y mi yerno lo recogieron en su casa de la calle Arcos de Buenos Aires y, después de realizar varios controles previamente determina- dos para comprobar que no eran seguidos, tomaron rumbo hacia la costa at- lántica para encontrarme en una pequeña casa alquilada por apenas cuarenta y ocho horas. Eso ocurrió una tarde de 1993, cuando conocí personalmente a Osvaldo, que aceptó verme estando yo en la clandestinidad.

Quizás el relato no llame la atención, pero quienes han vivido con la identi- dad obligadamente oculta saben de una circunstancia donde las relaciones no abundan. Menos aún abundan los que desean reunirse con alguien perseguido y se disponen a correr el riesgo de compartir un destino incierto en caso de ser detectado el encuentro. Y menos todavía si la cita secreta es con alguien al que se conoce –como fue en este caso– solo por algunas referencias.

Cuando en 1995 el diario Página/12 dejó desempleados a ochenta trabaja- dores, Osvaldo se presentó al director para proponerle que quienes menos necesitaban, con él a la cabeza, donaran medio sueldo a fin de que los despedi- dos retornaran a sus puestos. La moción obtuvo la indiferencia de la mayoría de los convocados como donantes. Y la respuesta del director consistió en una sonrisa irónica, que selló el resultado de una gestión que culminó con una estrepitosa victoria de la indolencia sobre la fraternidad.

A la transparencia de un pensamiento flexible, pero sin concesiones en lo que pueda afectar la dignidad de las personas, a su compromiso con las causas nobles, se suma una acción conciente que exhorta, con la constancia del que está convencido, a la unidad de los ofendidos por el sistema.

Dejar para después el discurso fácil sobre un futuro promisorio para lla- marnos la atención por la realidad social de hoy habla de una profunda sensi- bilidad. Poner en evidencia la hipocresía de sus aduladores sin especular sobre las consecuencias para sí, habla de alguien insobornable. Visitar a un fugitivo que casi no conoce, arriesgando la libertad o la vida, habla de valentía. Ofrecer la mitad del salario para que otro pueda seguir empleado, habla de solidari- dad. Postergar la consideración de criterios personales o de grupo para poner por delante la unidad en pro del bien común, habla de generosidad.