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Conduct Performance Testing with Production-Sized Databases

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Item 42: Conduct Performance Testing with Production-Sized Databases

Os asedian, señor, os oprimen los provocadores de la guerra. Todos lo adivinamos. Ya iréis conociendo lo fatal de ese regalo que el congreso venal de este año os hizo.

La toga. Oh! no. Fue la túnica del Centauro Neso que se adhirió a vuestra piel, y se hizo parte de vuestro propio cuerpo, y os abrasa y os está haciendo sufrir los tormentos del infierno.

Pero yo os digo que si estimáis vuestro nombre, debéis mostraros superiores a Hércules, y no arrojaros desesperado entre la hoguera.

Yo, que no tengo otro interés que el de la patria; yo, que nada puedo arriesgar con la guerra, porque nada tengo que me quiten; yo, para quien no son indiferentes vuestro honor y el del país, os aseguro que adquiriréis excelsa gloria si desplegáis el valor civil que la causa de los buenos os reclama.

Respetad la Soberanía del Cauca y no encendáis la guerra en el país. Quiénes ganarán con la guerra?

No el Gobierno, cuya marcha será interrumpida, cuyo camino se erizará de tropiezos, cuya confianza perderá su aplomo, cuyos recursos menguarán, cuyo crédito vendrá a tierra, y cuyo punto de apoyo no sería ya estable como la ley sino precario como la violencia.

La reacción oficial de 1873 se confundirá en la historia con la que estalló contra la constitución de 1853; el predominio del rifle se alzará, y vuestro nombre y el de Melo andarán juntos.

Quiénes ganarán con la guerra? Quiénes soplan los carbones encendidos? Quiénes se esfuerzan en hacer crecer los sobresaltos? Quiénes os azuzan contra Antioquia y el Tolima?

No son los defensores de la Constitución de 8 de mayo; no los que respetan la autonomía de los Estados; no los que están interesados en que se respeten las garantías individuales; no los ricos; no los que tienen que hacer; no los que aman a sus familias; no los pobres que subsisten del jornal que trabajosamente ganan.

Con la guerra, el capitalista perderá sus rentas; el empresario su crédito, sus recursos, su producción y su mercado; el pobre su sangre, su hogar y el honor de su familia.

Quiénes ganarán con la guerra?

Los enemigos de todo gobierno; los comunistas que odian el capital; los holgazanes, los vagos; los que no tienen hogar; los que no respetan la familia; los caballeros de industria, los parásitos, los petardistas, los intrigantes, los perdidos.

Quién hará, quién mantendrá la guerra?

Ah! La guerra la alimentarán con la sangre del pueblo, como siempre.

El gobierno manda a hacer la guerra; pero es el pobre pueblo quien debe suministrar la carne de cañón; le pueblo, que tiene el triste privilegio de ser amarrado y arrastrado; el pueblo, que es quien combate, quien da sangre y lo da todo.

Quién paga la guerra?

El pueblo, el escalón fatal; el instrumento necesario, el juguete de los revoltosos ...

El pueblo, ese humilde y eterno Abel, de cuyas heridas brota desde los tiempos bíblicos la sangre del fratricidio.

Qué le importa a los pobres los partidos? Qué tiene el obrero qué esperar de las cuestiones que dividen a los acomodados y a los holgazanes? Qué tiene que ver con la rata del descuento el que está separado de los Bancos por el abismo de la miseria?

Qué le importa la libertad de imprenta, si él no escribe ni tiene tiempo para leer?

Qué le importa el ser elegible, si los intrigantes que lo solicitan como elector lo desprecian como candidato?

Al pobre obrero que gana apenas el sustento diario; a él, cuya casa vive expuesta a todo ataque; a él, que por triste y trabajosa experiencia conoce el frío del egoísmo; a él, que se debe a su familia; a él, para quién orden significa trabajo y trabajo significa pan; a él, que no tiene más amparo que el Dios, ni más qué desear que su jornal: qué le importan nuestras trsitísimas rencillas?

Traten, señor, de aprovechar esta que llaman oportuna coyuntura, para dominar a Antioquia y al Tolima y someterlos al régimen liberal.

Pero no olvidéis dos circunstancias agravantes que, aparte de la cuestión de derecho, pesan contra vos en la cuestión de hecho.

La primera, que el partido conservador aceptará en masa esta guerra a que lo precipitáis, y que está en su interés y en su deseo;

La segunda, que no contáis con todo el partido liberal; de éstos, unos, los que apoyaron vuestra candidatura, os siguen en la guerra; de los que la combatieron, unos se unirán al partido conservador, y otros se declararán neutrales.

Estáis en minoría: no lo dudéis.

Vuestros soldados son soldados escogidos; pero son forzados en gran parte, y tendrán que luchar con un número muchas veces mayor de voluntarios que de disputarán la vanguardia para defender las frontera dentro de las cuales guardan sus templos y sus hogares.

Vencedor o vencido, cuántas lágrimas derramaréis, señor! Y por qué?

Por cuestiones que, sin mengua, y antes con gloria del gobierno, habrían podido cortarse con una simple resolución ejecutiva.

Pero el círculo que os rodea, para oprimiros, os dice que la suerte del Gobierno está en peligro. Ese es un sofisma, señor.

Los gobiernos no son hombres, ni tienen existencia aparte, personal ni de partido.

Los gobiernos tienen la vida que la ley les da, y no pueden defenderla sino por los medios que la ley pone en sus manos.

Nadie sabe lo que os guarda el porvenir; pero estáis sujeto a juicio, y me parece imposible que, aun vencedor, salgáis absuelto.

No habrá una Cámara que os acuse, ni un Senado que os condene; pero eso qué os valdrá? Nada. Mirad a Pérez, vuestro antecesor.

Nadie lo acusó; nadie lo juzgó conforme a ley alguna escrita; y, sin embargo, está irrevocablemente condenado.

Por quién? Por la opinión que, sin fórmulas forenses, dicta sus sentencias que más tarde habrá de confirmar la historia.

Los hombres públicos pasan pero sus nombres quedan. La fuerza y el fraude son efímeros: la conciencia es inmortal.

Qué piden Antioquia y Tolima? Respeto al orden constitucional: Seguridad. Aquéllos, como Estado Soberano, las piden a su gobierno propio.

Estos, como amenazados, la piden al Gobierno de la Unión. Unos y otros están en su derecho. No podéis negarlo.

Si vuestras fuerzas pisan el Tolima, so pretexto de pasar al Cauca a tomar parte en los retozos de los democráticos, el gobierno de aquel Estado está en necesidad patente, indeclinable, de recibirlos a balazos.

Vos, comprendéis muy bien que esa necesidad es lógica y sagrada.

Atacado el Tolima, Antioquia sostendrá el casus belli, sean cuales y cuantos fueren los motivos que su Gobierno tenga para deplorar esa declaratoria inevitable.

Encendido el Occidente, el incendio correrá como sobre estopa escarmenada y envolverá todo el país. Esperáis acaso que de entre esas llamaradas y humareda se alce, sobre lasbayonetas, el sucesor que os destináis?

El espectro lívido de Murillo, que a lo lejos se trasluce, es ominoso para vos, como el que emplazó a Bruto para la batalla de Filips.

No os obstinéis, señor, no os obstinéis... Pero en fin, en fin: si Dios os quita el juicio, habrá resuelto perderos.

Inclinémonos.

CARTA TERCERA AL CIUDADANO AQUILEO PARRA, ENCARGADO DEL PODER

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