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Item 17: Verify That the System Supports Testability
La última actividad freudiana, fue la de interpretador de la historia, del arte y de los genios. Dedicó los últimos fructíferos años de su vida a aplicarle sus métodos al pasa- do. Nos legó unos cincuenta volúmenes, tesoros de la humanidad. Su obra quedará como una de las más gran- diosas.
Si hay obras admirables, ellas son las de Darwin y de Freud: ambas tienen de común la inmensidad de la erudi- ción y la soberbia satánica de las pretensiones. De ambas quedará mucho; son como esbozos de monumentos de aque- lla raza gigántea que atacara a Júpiter y que fue despeñada.
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Nos hemos atrevido a este ensayo porque ahora, con la muerte de Freud, aquí en Suramérica han escrito dos o tres insultos a su memoria; pero lo que nos movió a ello principalmente fue el ver que tales insultos se hacían en nombre del cristianismo católico, o mejor, usurpando ese nombre.
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En Colombia desacreditan nuestra religión al insultar lo noble de la humanidad en un estilo hipócrita que nada tiene que ver con la varonil, limpia y alegre religión cristiana.
El que haya leído lo que aquí escribieron acerca de Freud, si es católico se avergonzará, y si no lo fuere no querrá serlo.
Nos aíra el que insulten a Freud, a Darwin, a Nietzsche, etc. ¿Porque se equivocaron? ¿Y quién no se equivoca?
El progreso científico se realiza por medio de entusias- tas, de sabios entusiasmados que sólo ven la verdad que descubrieron y que la trabajan sin cesar, creyendo que ella es toda la verdad.
Ahí tenemos por ejemplo a la endocrinología: cuando hace poco se principió a sospechar la secreción interna de las glándulas y su papel de sostenedoras de la sinergia orgá- nica, se creyó que la fisiología había logrado coger el secre- to de la vida. Pues bien, si no se hubiera tenido tan grande entusiasmo a causa de tan grandes pero ilusorias prome- sas, los investigadores no habrían trabajado tanto en esta dirección y hoy no tendríamos el acopio que tenemos de conocimientos en tal materia. Lo mismo sucedió poste- riormente con las vitaminas.
La ciencia tiene períodos de análisis, de investigación analítica hecha con gran entusiasmo por visionarios, que trabajan sobre hipótesis; y tiene períodos de síntesis, que suceden siempre a los análisis, y durante los cuales la men- te valora y ordena los descubrimientos hechos en las va- rias ramas del saber.
Por eso es infantil el tratar mal a los investigadores; es anticristiano el insultarlos porque tuvieron esperanzas.
Sobre todo, una sociedad que tiene como maestro de filosofía en sus escuelas a uno que escribe lo que el padrecito Henao Botero escribió acerca de Freud, podrá obtener jóvenes aptos para miembros de juntas directivas…, pero no para sabios.
Aplicando esto a Freud, diremos que si no se hubiera cegado de entusiasmo hasta el punto de creer que estaba en vía de explicar el secreto de la vida, no habríamos teni- do su gigantesca obra, en la cual hay invaluables aportes al acervo humano.
Para nosotros, cristianos católicos, Freud está en el cie- lo, y Voltaire también, y Nietzsche y Renan… y si el padrecito Henao Botero no se vuelve dulce como cordero y humilde ante el infinito, de pronto va y mandan a Freud para que le cierre la puerta del Paraíso.
No se hinchen mucho ni se rebullan, que Dios no es como animal que se puede coger y apropiárselo; Él no cabe en ninguna parte, no es contenido, todo lo trasciende, nos hace guiños en el universo. No hay hombre, aunque sea Papa, que lo posea, sino que en Él y por Él somos.
El que se meta a juzgar en estas cosas de Dios, creyen- do que tiene el metro, lo que mide es su propia ignorancia. ¿Cómo insultar al hermoso viejo barbón llamado Darwin, si él no hizo otra cosa que enamorarse de la verdad?
Pero no todo es vulgar en nuestra patria: hemos sabido que en el colegio de los jesuitas les han hecho a los discípu- los exposiciones serenas y cristianas acerca de las doctri- nas de Freud.
Parece que los ignacianos fueron predestinados para Suramérica: ellos estaban creando una civilización en el Paraguay y otra en Colombia, en los llanos de San Martín, pero fueron interrumpidos por envidiosos. Hoy los úni- cos centros culturales que tenemos son de los jesuitas. Lo sabemos, porque entre ellos vivimos ocho años y allí estu- dian nuestros hijos.
Los jesuitas son admirables: a) porque practican la se- lección humana, único caso en el mundo: si ven un mu- chacho prometedor entre sus discípulos, se lo llevan; de suerte que los jesuitas son seleccionados, b) porque practi- can y defienden la castidad entre ellos; de tal modo que
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son muy varoniles; el que resulta dudoso, lo expulsan, y c) porque son realistas.
Al pensar que nuestras iglesias están llenas de sacrista- nes afeminados y que en el seminario impera cierto espíri- tu blandengue introducido por monseñor González Arbeláez, espíritu de abate italiano, y al pensar en nuestra Universidad, que está muerta, se nos ocurre suplicar al se- ñor Arzobispo y al Gobernador que apliquen el remedio que está a mano y que es convertir la Universidad en una Javeriana, de jesuitas, y darle el seminario al clero marinillo, como antes.
En todo caso, suplicamos a Aurelio Mejía que lea la
Revista de la Universidad de Antioquia y que lea la Revista de la Universidad Javeriana, o la otra, Juventud Ignaciana, para que se convenza de que le proponemos algo que le dará gloria a su administración liberal.
En cuanto al seminario de Medellín, nos atrevemos a contarle al señor Arzobispo de un sacerdote joven que nos decía anteayer, mostrándonos las manos lindas: “Yo ten- go que cuidar mucho de mis manos, porque administro la Eucaristía…” No…; la mano que debe estar limpia es el corazón.
Y que lea el señor Arzobispo lo que escriben en la Re- vista Universidad Javeriana, tan varonil, y lo que escriben en los periódicos católicos de Medellín, que parece de antro- pófagos.
Nuestro seminario fue semillero de santos y de varo- nes cuando estuvo en manos de los marinillos. Ahora no es sino hebillas plateadas y vanidad.
Y perdonen que Freud nos haya servido para soñar con la gran república de Antioquia, con verdadera Univer- sidad y gran Seminario…
Terminaremos tributando homenaje al pueblo hebreo, pueblo escogido, pueblo del Libro y del Hijo de Dios.