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4.2 Artifact Lifecycle Models

4.2.1 Model Extraction

Prácticamente todos los proyectos de generación de ingresos que resultaron finalistas en el concurso contienen un fuerte componente de asociatividad, que es una de las claves del éxito alcanzado. No obstante, se debe resaltar que la asociatividad no es necesariamente buena en sí misma, y en ningún caso se debe promover sin objetivos claros y sin que sus frutos compensen las dificultades que acarrea, pues ciertamente plantea todas las dificultades propias de cualquier esfuerzo de agrupación. Como afirma Luz Amparo Fonseca, la asociatividad debe ser un resultado

más que un punto de partida. No se trabaja de manera asociada para realizar una determinada idea comunitaria, colectiva, como aspiración máxima. Se trabaja con la asociatividad para un conjunto de unidades económicas, en este caso de pequeñas unidades, que por lo general en la región son de tipo informal. Estas unidades no son informales y por eso pobres y marginales, son informales como resultado de la pobreza. Son conjuntos de personas que enfrentan una situación de pobreza, que producen para personas en condiciones similares y que, en consecuencia, son marginales respecto al mercado, a la legalidad y a la economía. Un punto clave, con respecto a la asociatividad, es en qué medida esta es una fuerza productiva que puede sacar de la pobreza y de la marginalidad a las unidades económicas y a las personas que las constituyen.

La asociatividad genera sinergias que aumentan la capacidad productiva de los empresarios de la micro y pequeña empresa, pero no resuelve por sí misma sus problemas. Permite que estos se unan para producir, comercializar, y obtener capital —por medio de sistemas de ahorro y de garantías mutuas—, pero solo tiene sentido cuando efectivamente aporta algo positivo a cada uno de ellos. La asociación es un medio para una determinada finalidad y se sostiene en función de ella. En este caso, se hace referencia a una asociatividad productiva, vale decir, de articulación entre productores. Como tal, debe darse de manera tanto horizontal como vertical, pues se trata de productores que tienen que insertarse en las cadenas productivas de manera favorable si quieren ser competitivos y alcanzar la sostenibilidad de sus proyectos. En ese sentido, en un primer momento la asociatividad es de tipo horizontal, y debe implicar un gran fortalecimiento de las capacidades de los productores, que les permita luego buscar una articulación productiva de tipo vertical, para que puedan competir adecuadamente.

La asociatividad puede ser relevante incluso en actividades de subsistencia. Muchas de estas nacen para satisfacer la necesidad más urgente; las personas se organizan para producir algo que pueda venderse o para realizar alguna tarea que les dé una forma de vida digna y honesta. Asociarse podría permitirles alcanzar economías de escala y lograr mejores condiciones. Algunos de los proyectos de generación de ingresos que fueron finalistas en las diversas ediciones del concurso tienen este tipo de antecedentes, y aunque la asociación no explica por sí sola su éxito, constituyó un factor determinante para que pudieran dar el salto tecnológico y lograr insertarse en el mercado, pasando así de una actividad de subsistencia a un proyecto productivo capaz de acumular y crecer. Sin la asociación, es imposible concebir el éxito de proyectos como C.A.U.Que.Va., Lét Agogo, Artesanías Pachamama, Producción sostenible de truchas, Artesanías de Colombia, RECA, o Manejo y tratamiento de aguas residuales.

En este sentido, las políticas públicas que promuevan proyectos de generación de ingresos, por medio de micro y pequeñas empresas, deben estar dirigidas a la consolidación de modelos asociativos de productores o comercializadores que den lugar a una inserción competitiva en los mercados. No se pretende que no existan políticas públicas orientadas a las empresas familiares, individuales o de subsistencia, pero sin lugar a dudas estas políticas deben estar centradas en promover formas de asociación que mejoren el aprovechamiento de los recursos asignados y que potencien la capacidad de las personas para negociar, comercializar sus productos y servicios, y adoptar innovaciones, y en esa medida lograr empleo de calidad y un lugar digno en la sociedad.

De los proyectos finalistas algunos generan ingresos complementarios y otros constituyen la mayor parte del ingreso familiar, pero todos ellos tienen en común la asociatividad como un medio para resolver dificultades que habría sido muy difícil, o imposible, superar en forma individual. Las mujeres de Artesanías Pachamama dejaron de ser tejedoras aisladas, cada una en su casa vendiendo a los pocos turistas que visitan la zona, desunidas en la compra de insumos, sin posibilidades de mejorar los estándares de calidad, aumentar el volumen de su producción, o penetrar un mercado que reconociera el valor de sus productos; al formar un conjunto unido se convirtieron en una empresa capaz de exportar, porque superaron el modelo de microempresa familiar de subsistencia. Artesanías de Colombia es, en el fondo, un gran grupo de artesanos asociados por medio de esta extraordinaria iniciativa del Estado colombiano. Algo similar ocurre en el proyecto Lét Agogo, en Haití, en que los productores lecheros se asocian sobre la base de las microlecherías; en C.A.U.Que. Va., de la Argentina, en relación con los productos tradicionales; y en la Asociación de pequeños agrosilvicultores del proyecto RECA, en el Brasil, de las riquezas de la Amazonia.