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La administración educativa es consciente de que la asignación económica para el Colegio de Sordomudos 242 es mayor que la de las respectivas Escuela Normal de Maestros y de Maestras de Madrid. También es mayor que el crédito de la Escuela de Comercio o de la Escuela de Veterinaria de Madrid o incluso mayor que lo asignado en Madrid para toda la segunda enseñanza 243. Esta información comparada nos permite colegir que el Colegio de Sordomudos es una realidad de cierta envergadura en todos los planos e incluso lo es para la administración educativa y para su política educativa, porque los ámbitos o indicadores en los que se puede valorar son reales. El primer ámbito de importancia del Colegio es el nuevo edificio que parece representar o significar que el Colegio de Sordomudos de Madrid es el centro de las enseñanzas de sordomudos que se imparten en todo el territorio nacional. El edificio que ocupa este Colegio en el Paseo de la Castellana, 71, ciegos viesen sus éxitos, los propalasen los mudos y se enteraran los sordos, hasta ese establecimiento ha ido la mano benéfica del Sr. Conde de Romanones“. Diario de Sesiones de 28 de octubre de 1902. Congreso de los Diputados. Diario de Sesiones. 26. Serie Histórica. Legislaturas 1900-1901, 1901-1902 y 1902-1903.

241 COSSÍO, 1915, op. cit., Cuadro nº 5.

242 Según el Presupuesto General del Estado para 1903, la asignación para el Colegio de Sordomudos de Madrid es de 137.650 pesetas.

243Para la secundaria se fijaron 118500 pesetas en profesorado y 13750 en material. Datos elaborados a partir de la información del Diario de Sesiones de 3 de julio de 1903, pp. 738. Diario de Sesiones. 27. Serie Histórica. Legislaturas 1903-1907.

119 inaugurado el 21 de mayo de 1898, suele provocar la admiración y la envidia244 y sus dimensiones responden a la idea de que el Colegio está llamado a resolver la situación deficitaria de puestos escolares del conjunto del país, y pese a las críticas en cuanto a su construcción y diseño, el Colegio Nacional jamás ha tenido en su historia instalaciones como las que presenta el nuevo edificio 245. En definitiva, las nuevas instalaciones están en consonancia con el papel que la administración del último tercio del siglo XIX confieren al Colegio de Madrid 246.

En cuanto al número de puestos escolares del nuevo edificio, el profesor del Colegio Tejerina maneja la cifra de 400 alumnos internos 247, si bien la

244 El Colegio de Sordomudos está instalado en una de las mejores zonas de Madrid y en un edificio de porte palaciego, nada que ver con la anterior localización de San Mateo, 5, lo que no evita errores en el diseño como centro educativo. Para el ya citado MOLINA, 1903, op. cit., p. 36: “no había capilla, ni un salón para recibir al Ministro, ni patios de recreo, como tampoco de un campo para prácticas agrícolas, además de escasez de aguas, de calefacción y de cerramiento exterior”.

245 La estructura del edificio permite hacer la siguiente distribución: en la planta baja, las clases especiales de sordomudos y sordomudas, también la sala de profesores, la sala de juntas, el museo o el botiquín. En el 1º. piso, dormitorios y enseñanzas artísticas. 2 °. piso, dormitorios y servicios de tipo doméstico. En el sótano, cocina y demás servicios de esta naturaleza y los talleres de sastrería, zapatería, carpintería, ebanistería, encuadernación, imprenta, hojalatería, herrería y repujado. A partir de 1913 cuenta con un cinematógrafo y en 1916, se construye un teatro para que en los días festivos y principalmente en la fiesta del titular del Colegio, San Juan de la Mata, los sordomudos representen funciones por medio de la palabra hablada, en las que se recitaban algunos monólogos de viva voz y se establecían diálogos muy celebrados en público. Esta descripción se recoge en la obra Claustro del Colegio Nacional de Sordomudos y de Ciegos (1927). Tratado para la Educación y Enseñanza del Sordomudociego. Madrid: Imprenta del Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos, p. 130 y lo respectivo al cinematógrafo y teatro en la obra de GRANELL, 1932, op. cit., p. 527.

246 Determinar la capacidad o puestos escolares del Colegio de Sordomudos de Madrid es un ejercicio de cierta dificultad que no lo vamos a plantear, si bien, sí ponemos las condiciones que tal cálculo acarrearía: a) la impartición de enseñanzas de sordomudos y de ciegos, separados estrictamente, además de una situación de estanqueidad completa entre chicos y chicas. b) Un Colegio con residencia o internado con lo que supone de locales y servicios propios, c) un aulario que contempla salas pequeñas para la rehabilitación de la voz, además de un aulario convencional con salas grandes o medianas y un conjunto de espacios dedicados a talleres y almacenes, además de espacios para salón de actos o teatro. No obstante, y también como idea aproximada si no se hubiera permitido la instalación de muchos servicios, unos relacionados y en otros en absoluto con las enseñanzas de sordomudos en las instalaciones del Colegio, es muy probable que el número de alumnos internos hubiera sido significativamente mayor que los que hubo matriculados en esa etapa como en las siguientes. En las líneas siguientes del cuerpo o texto se esboza una idea al respecto.

247 El profesor Tejerina hace algo más que cálculos ya que plantea una organización para 400 plazas de alumnos internos: “el que todos entren a la misma edad, a los 8 años . Este planteamiento requiere que <la admisión se haría cada dos años, ingresando 54 alumnos de ambos sexos, dividiéndose en dos clases preparatorias de uno y otro género, cada clase a cargo de tres profesores que en el periodo de dos años harían la clasificación en la clase preparatoria. Al empezar el tercer año se formaría definitivamente tres secciones: superior,

120 administración no nos consta que llegue a hacer una previsión o modelo de ocupación que alcance a este número. Lo que sí fue cierto es que los espacios disponibles, que fueron muchos 248 nunca fueron convertidos en puestos escolares, probablemente por una razón de coste que el Estado central no estaba dispuesto a financiar y que hubiera supuesto multiplicar o triplicar el alumnado del Colegio.

Otra dimensión que presenta la importancia del Colegio es la negativa de la administración a que sea dirigido por gestores independientes. Los responsables administrativos de la Restauración de principios de siglo siguen las prácticas de sus antecesores y mantienen que el Colegio de Madrid es algo muy serio e importante para las políticas del Estado para ser dirigido por gestores que tengan concedida cierta autonomía en la gestión o independencia. Los responsables del nuevo Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes con García Alix a la cabeza ponen fin al modelo de dirección del Colegio de finales del XIX, sustituyendo a la Junta de dirección, fundamentalmente por su falta de eficacia y ausencia de una autoridad clara y definida, por un comisario regio que asuma las funciones de la anterior Junta. Es nombrado para tal función Matías Nieto Serrano, marqués de Guadalerzas, consejero de Instrucción Pública, en mayo de 1900 encargándose de la dirección y gobierno del Colegio Nacional de Sordomudos y de Ciegos. El marqués muere en 1902 y su sucesor, Eloy Bejarano, también médico y consejero de Instrucción Pública, nombrado a propuesta del ministro Álvaro de Figueroa en septiembre de 1902, tiene una mayor presencia temporal y real en el Colegio de Sordomudos y de Ciegos y permanece en él hasta 1915.

La dirección técnica del Colegio de Sordomudos y de Ciegos desde hace 15 años la ejerce Manuel Blasco Urgel, profesor de Ciegos, cuyas funciones son definidas en los Reglamentos de 1901 y 1902 249. El próximo director es propuesto al ministro por la Comisaría en terna, siendo el candidato media e inferior (se supone que en atención a la clasificación hecha en la preparatoria). Cada una de esas secciones estaría bajo la responsabilidad de uno de los tres profesores anteriores, manteniéndose durante todo el tiempo que dure dicha enseñanza. También aboga por una clase de adultos de 20 años en adelante, sordomudos del Colegio y de otros centros y escuelas que tengan excepcionales condiciones para algún arte u oficio” (GRANELL, 1906, op. cit., p. 79). 248 En 1901 se autorizó a que el último piso del edificio del Colegio fuera utilizado por la Escuela de Ingeniería Industrial, para completar su sede de la calle de Fuencarral. Estas cohabitaciones aumentaron: en 1916 se abre un Consultorio del Instituto Central de Anormales, en el que se reconoce y se da tratamiento médico y pedagógico adecuado a la sordomudez y trastornos de la palabra, ceguera y anormalidades mentales. También se ubica en el Colegio la Sección de Anormales. En 1921 se instala el centro de Estudios Históricos perteneciente a la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, en el que hay un laboratorio de Fonética que dirige Navarro Tomás (GRANELL, 1932, op. cit., p. 553).

249 El director Blasco Urgen está auxiliado por un subdirector. Tras veinte años de director, se jubila en 1905.

121 obligatoriamente un profesor numerario de estudios generales tal como establece el Reglamento de 1902. En 1906, ejerce las funciones de director, Miguel Granell y Forcadell. A partir de estos años se pone en marcha una nueva política de la administración, aceptada tanto por conservadores como por liberales, el Colegio es ya muy importante como para que esté en manos de una dirección técnica de difícil control.

Otra dimensión que plasma la importancia que la administración da al Colegio es que hace de su profesorado especial una escala administrativa, para lo cual elabora el primer escalafón de profesores numerarios y auxiliares del Colegio Nacional de Sordomudos y de Ciegos y el 31 de diciembre de 1901 se publica con carácter provisional. Es un escalafón especial e independiente, propio del Colegio y sus profesores y auxiliares forman un cuerpo de escala cerrada; ya que no hay otro colegio del Estado de la misma naturaleza. Lo constituyen 13 profesores numerarios y 5 auxiliares, si bien el conjunto alcanza a 23 los distintos profesionales 250. El Colegio entra a formar parte de los centros con escalafón y esta situación aumenta su prestigio y consideración en el sistema educativo.

También el tipo de alumnado presenta un plus en la importancia de este Colegio ya que todavía en los primeros años del siglo XX los alumnos del Colegio, como los de los demás colegios de sordos, siguen siendo vistos por la medicina bajo la consideración de enfermos crónicos 251, No obstante, dentro de su enfermedad hay un límite que el Colegio de Madrid siempre ha establecido y en esos años se actualiza: “los que por su carácter o escasez de facultades carezcan notoriamente de aptitud para hacer sus estudios con aprovechamiento serán devueltos al Instituto Central de Anormales para ser sometidos al tratamiento que pueda convenirles” 252.

El alumnado del Colegio, tanto sordomudos como ciegos, sigue siendo objeto de la pugna entre los defensores de su rehabilitación, con un fuerte criterio de prevención social y enclaustramiento y el trato básicamente educativo y

250 Las políticas se han asentado y dado su fruto: el profesorado del Colegio de Madrid tiene que ser maestro y poseer la certificación de Procedimientos y Métodos especiales de sordomudos y de ciegos o acreditar experiencia y haber superado una oposición al Colegio Nacional. En 1901 se contabilizan 23 personas entre los profesores de Enseñanzas Generales, auxiliares y maestros de talleres. A efectos comparativos citamos otros escalafones especiales del mismo año como el de las Escuelas Normales de Maestros con 113 miembros o la Escuela Superior de Arquitectura, 18 entre titulares y auxiliares.

251MOLINA, 1903, op. cit., p. 35. Obsérvese al hilo de este comentario que los comisarios regios del Colegio Nacional, marqués de Guadalerzas y Eloy Bejarano son médicos y esto para la administración supone toda una garantía en la dirección del tratamiento educativo del alumnado.

252

Reglamento del Colegio Nacional de Sordomudos de 1915, artículo 3. Imprenta del Colegio Nacional de Sordomudos y de Ciegos.

122 médico con situaciones que podían llegar a la completa normalización social. Y en esta contexto de ideas sobre las cuales ya hemos hecho algunas referencias, el Colegio de Sordomudos es un claro defensor de la naturaleza educativa de sus fines y organización, lo que no quita que en esos años la administración de Álvaro de Figueroa que ha defendido esa idea en su reforma, autorice la presencia de una orden religiosa para el cuidado personal de los alumnos, y especialmente de las alumnas sordomudas y ciegas, muy en la línea de las instituciones de la Beneficencia. El conde de Romanones como ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes dispone que esta colaboración figure en el Reglamento del 1902 del Colegio.

Pero además, y en esos años el Colegio es un centro educativo importante solo por el número de alumnos, unos 100 internos, en los que incluso se acomete una reorganización que supone un aumento de las plazas escolares 253. Además las condiciones del alumnado presentes en el Reglamento de 1902 254, son de cierto interés por su valor supletorio para otros centros educativos, por ejemplo, las condiciones de ingreso que se lleva a cabo entre los 6 y 14 años 255 , con una realidad, desde la perspectiva de uno de los profesores del Colegio, el señor Tejerina descrita en los siguientes términos:

“no se puede hacer una verdadera clasificación, habiendo en cada clase de treinta a treinta y cinco de muy distintas condiciones para estar reunidos. La mayor parte ingresan de los 10 a los 14 años, edad en que se hace poco menos que imposible obtener de ellos la pronunciación, en cada clase enseñan a la vez dos o tres profesores, por no haber como debiera, aula para cada profesor… . “(…) cada profesor enseña a diez o doce sordomudos, teniendo bastantes para obtener buenos resultados con seis o siete”256.

253 El incremento de plazas se plasma en el Reglamento de 1901 y en él se establecen 150 plazas escolares para alumnos internos o pensionados entre sordomudos (65), sordomudas (32), ciegos (35) y ciegas (18). Los alumnos externos se fijaran según aconseje el bien de la enseñanza. El nuevo Reglamento del Colegio Nacional de 1902, vuelve a ratificar las mismas cantidades, pero la realidad del dinero manda y hasta 1904, solo se considera en los Presupuestos del Estado la partida para 100 plazas de internos, lo que significa que solo se dotan económicamente las plazas asignados en éstos.

254 Reglamento del Colegio Nacional de Sordomudos de 1902, artículo 34. Imprenta del Colegio Nacional de Sordomudos y de Ciegos

255 “Por término medio salen 6 alumnos de los 90 que tiene, por haber cumplido la edad reglamentaria e ingresan 6”. Hay una lista en el tablón de anuncios vergonzosa de aspirante a ingreso, “hoy en número de 176, que muchos jamás llegan a conseguir”. En MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y BELLAS ARTES (1908). Primera Asamblea Nacional para el mejoramiento

de la suerte de los Sordomudos y de los ciegos. Comunicaciones. Actas. Exposición aneja.

Madrid: Imprenta del Colegio Nacional de Sordomudos y de Ciegos, p. 78. 256 MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y BELLAS ARTES, 1908, op. cit., p. 78.

123 Otra de las dimensiones a considerar por su importancia es el plan de estudios del Colegio de Sordomudos de Madrid en tanto que es un centro que imparte enseñanzas superiores de primera enseñanza así como un conjunto de enseñanzas profesionales de cierto nivel si se comparan con las que se imparten en otros colegios de sordomudos. Las enseñanzas del Colegio se clasifican consecuentemente en Elemental y Superior, agrupando en estos niveles las materias que lleva impartiendo hace años, si bien bajo áreas que expresan el fin o valor educacional de dichos contenidos. Se distribuyen en 8 cursos y con un enfoque educativo tendente a la oralización; a la consecución de la palabra oral, tal como aconsejaba la superioridad, es decir, el comisario regio Eloy Bejarano257.

La enseñanza industrial que tradicionalmente es decidida por la dirección del Colegio en los primeros años del siglo sigue sin novedades importantes, pero en 1901 se crea el taller de Hojalatería y en 1911 el de Joyería porque la profesión es muy apropiada para los sordomudos por su carácter gráfico. Los maestros de talleres es el grupo profesional que mayor crecimiento ha tenido, pasando de 7 maestros en 1901 a 14 en 1930, alcanzando los 25 en los cursos 1923-1925. En definitiva y con carácter general, la mayoría de los talleres abordan las necesidades logísticas que los propios colegios de sordomudos y de ciegos generan y marginalmente las producciones externas, además capacitan en esos oficios en un determinado grado. El Colegio de Madrid mantiene su tradición, el taller de Imprenta; tanto para videntes como para ciegos, está organizado y funciona con normas profesionales e incluso tiene la exención de la contribución de sus productos, situación fiscal que también ocurre con cestería. El desarrollo y las políticas sobre estas enseñanzas depende más de la dirección del Colegio que de las políticas educativas de la administración, si bien hay una cierto paralelismo entre los centros de decisión. Pero hay mucho por hacer 258 .

4. Consideraciones críticas sobre la política educativa de las