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Revisando la historia siempre la mujer ha estado ocupando un segundo lugar dentro de la sociedad, pero gracias a la lucha y perseverancia de las mujeres esto se ha ido desvaneciendo poco a poco, y en la actualidad son consideradas de igual a igual con el hombre, pero siempre existe el machismo y se producen ciertos roces que en lo general ocurren dentro de una familia, y es así que del sexo débil que se las conocía antes pasaron hacer emprendedoras, trabajadoras

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y con conocimientos a veces más que los hombres, por lo que ahora nuestra constitución y las leyes habla de género, y esto para poder entender de alguna manera se podría describir los modos de pensar, sentir y comportarse de ambos géneros, y generalmente proviene de las construcciones sociales y familiares asignadas de manera diferenciada a mujeres y a hombres.

El primer planteamiento es distinguir entre ambos conceptos, sexo y género; pese a que el género ha sido considerado como una categoría útil para el análisis histórico, en el lenguaje cotidiano ambos conceptos se consideran sinónimos; es más: por género se entiende habitualmente el femenino (véase, si no, cómo se utiliza la expresión “violencia de género” para referirse al maltrato del hombre contra la mujer). (Rose, 2012)

“La idea general en la que se diferencia sexo de género, es que el sexo queda determinado por la diferencia sexual inscrita en el cuerpo, mientras que el género se relaciona con los significados que cada sociedad le atribuye.

El género es siempre relacional, nunca aparece de forma aislada sino marcando su conexión, la mayoría de los estudios de género se han centrado en la predominancia del ejercicio de los afectos en el género femenino y el poder racional y económico en el género masculino.

Otro rasgo de la categoría de género es que se trata de una construcción histórico-social, se fue produciendo a lo largo del tiempo de distintas maneras, es así que en la primera guerra mundial se produce un ingreso masivo de las mujeres a los puestos de trabajo, una contribución decisiva para que los países europeos flexibilicen su actitud y comiencen a reconocer el derecho al voto de sus ciudadanas.

En la segunda guerra mundial impulsa los movimientos de las mujeres, y crea coyunturas favorables contra la discriminación por razones de raza, sexo o religión. Con este impulso se extiende el derecho femenino al voto a los países occidentales que aún no lo habían conseguido, incluidos los países del hemisferio sur, entre ellos Argentina”. (Amato, 2007) pág. 105.

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“La violencia de género contra las mujeres en el siglo XXI. Si bien la situación de las mujeres en el Ecuador se ha modificado de forma sustancial en muchos aspectos, en tanto sus derechos individuales han sido reconocidos y cada vez más mujeres han accedido a la educación formal, al trabajo remunerado y a espacios públicos antes vedados para ellas, la violencia de los esposos o de la pareja continúa siendo una práctica arraigada en nuestro país, siguiendo los patrones históricos reseñados. Cabe preguntarse ¿por qué todos los avances de las mujeres no han significado el fin de la violencia hacia ellas? No hay una respuesta sencilla y única, pero creemos que la principal razón es que persiste una desigualdad distribución de poder entre hombres y mujeres, y que en ciertos roles y concepciones tradicionales de género siguen arraigadas en el imaginario colectivo, aunque ahora aparezcan con un nuevo ropaje. Así, por ejemplo, encontramos la continuidad de las nociones del amor-sacrificio para las mujeres junto a la postergación de su propio bienestar en favor de hijos e hijas, de la familia o de otras personas, mientras los hombres privilegian sus intereses individuales y continúan teniendo mayor poder real y simbólico que, en pocas ocasiones, les permite recurrir a la violencia para imponer su autoridad, defender su “honra” o afianzar su virilidad.

Los datos arrojados por la Encuesta de relaciones familiares y violencia de género contra las mujeres, realizada en el Ecuador en 2011, muestran la magnitud y persistencia de este problema. Que 6 de cada 10 mujeres de 15 y más años (60,6%) declaran haber vivido una o más formas de violencia de género – física, psicológica, sexual o patrimonial – por parte de cualquier persona conocida o extraña, en los distintos ámbitos del quehacer social”. (La violencia de género contra las mujeres en el Ecuador, 2014)

El estudio realizado por el Departamento de Violencia Intrafamiliar se establece que el 91% de los casos de agresión se refieren a personas del sexo femenino, que el 9% a personas del masculino, que la mayor parte de casos se refieren a víctimas de21 a 30 años y luego de 31 a 40 años, que generalmente la violencia se da mucho más en horas de la noche, esto entre las 21h00 y las 00h00, le sigue el horario de las 18h00 a las 21h00, esto debido a que son los horarios en que se reúne el núcleo familiar los padres llegan del trabajo cansados y se

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encuentran con los conflictos en la casa, además que la colopatía y factor económico son fundamentalmente motivos de agresión, agregan que la falta de trabajo puede desatar un comportamiento violento, pero todo ello, absolutamente nada justifica la violencia. (Falconí, 2009).

1.2.2. LA VIOLENCIA Y EL NÚCLEO FAMILIAR

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