En diferentes comisiones o comités y conferencias sobre la investigación en salud se ha venido recalcando la necesidad de la coordinación y se han propuesto medios para lograrla. Por ejemplo, la Comisión de Investigaciones Sanitarias para el Desarrollo recomendó que se estableciera una dependencia de facilitación para reforzar las actividades de investigación específicas de los países y ayudar a crear capacidad en los países en desarrollo. Esta dependencia se estableció en 1993 con el nombre de Consejo de Investigaciones Sanitarias para el Desarrollo.
La labor del Consejo consiste actualmente en prestar apoyo a los países en esferas como la evaluación y el desarrollo de los sistemas de investigación sanitaria, la elaboración de políticas, el establecimiento de prioridades y la comunicación sobre investigaciones. Si bien no se concibió como un mecanismo de coordinación, el Consejo también ha reconocido la necesidad de:
«... establecer un mecanismo para realizar un seguimiento de la evolución de las investigaciones sobre las necesidades de los países en desarrollo... realizar exámenes periódicos y sistemáticos de las investigaciones... desempeñar funciones de seguimiento, evaluación, convocatoria y promoción... con la credibilidad necesaria para atraer a las partes competentes...recursos adecuados para producir información de alta calidad..., manteniendo su independencia con respecto a intereses particulares, ya sean geográficos, burocráticos o científicos...» (4)
Esta recomendación no tuvo aplicación. En 1996 el Comité Especial de la OMS sobre Investigaciones Sanitarias relativas a Opciones de Intervención Futuras formuló una recomendación muy similar relativa a:
«...un mecanismo encargado de examinar las necesidades sanitarias mundiales, evaluar las oportunidades de I+D, llevar a cabo un seguimiento de los flujos de recursos... promover las investigaciones sanitarias para convencer de sus beneficios a los gobiernos y los inversores, incluidas las fuentes no tradicionales... – el cual podría crearse a partir de estructuras de investigación sanitaria ya existentes y reunir a gobiernos, a otros inversores y a científicos, – ... determinar las iniciativas ya establecidas, subsanar deficiencias importantes en las investigaciones sanitarias mundiales... ayudar a reducir la duplicación de funciones y el despilfarro de recursos... y disponer de la capacidad analítica de alta calidad necesaria para reunir datos sobre la carga de morbilidad, evaluar la costoeficacia de las posibles intervenciones y las modalidades actuales del gasto en I+D...» (5)
A raíz de esta recomendación, en 1998 se creó el Foro Mundial sobre Investigaciones Sanitarias (GFHR). La misión del Foro se centró en la llamada «brecha 10/90», referida al hecho de que solo el 10% de la investigación en salud se dedica a los problemas sanitarios que afectan al 90% de la población mundial. (6) Sin embargo, como se señaló en el capítulo 2, según los cálculos de la Comisión de Investigaciones Sanitarias para el Desarrollo, esa brecha sería de 5/93.
El Foro Mundial debía centrarse en las actividades siguientes:
• celebración de una reunión anual;
• realización de análisis para establecer prioridades, a saber:
– carga de morbilidad y determinantes de la salud,
– análisis de la costoeficacia y métodos para la asignación de recursos,
– análisis de los flujos de recursos y seguimiento de los progresos realizados para corregir la brecha 10/90,
– realizar análisis sobre afecciones específicas comprendidas en las esferas prioritarias del Foro Mundial;
• iniciativas en esferas sanitarias clave, por ejemplo, la Alianza para la Investigación en Políticas y Sistemas de Salud;
• comunicación e información;
• evaluación y seguimiento.
Siempre hubo quien consideró que no había diferencias suficientes entre los mandatos del Consejo de Investigaciones Sanitarias para el Desarrollo y el del Foro Mundial, aun cuando el primero se centrara en los países y el segundo hiciese más hincapié en los problemas mundiales e internacionales. En 2010 el Foro Mundial se fusionó con el Consejo, pero sobre todo porque tropezaba con dificultades organizativas y financieras, y no en el marco de un plan global. De hecho, la división del trabajo entre ambas organizaciones era bastante clara: el Consejo se centraba en el suministro de apoyo a los países y en la creación de capacidad en investigación, mientras que el Foro Mundial, tras una etapa inicial dedicada a generar y canalizar fondos para nuevas iniciativas, se centró en la celebración de sus reuniones anuales, a las que asistían varios cientos de personas procedentes de todo el mundo, así como en una publicación anual dedicada al seguimiento de los flujos de recursos destinados a financiar la investigación sanitaria, y en la realización de diversas actividades analíticas.
Así pues, el Foro Mundial acabó realizando una serie de actividades útiles – en particular, desde nuestro punto de vista, las publicaciones anuales dedicadas al seguimiento de los flujos financieros, ya desaparecidas – pero nunca respondió, en cuanto a su alcance, escala, financiación o legitimidad normativa, a las aspiraciones del Comité Especial, según el cual debía convertirse en un mecanismo de coordinación mundial capaz de establecer prioridades e influir en la asignación de los recursos. En una evaluación del Banco Mundial publicada en 2009 se señaló que no era evidente que el Foro Mundial hubiera influido de manera sustancial en la cuantía y la asignación del gasto mundial en investigación sanitaria y se consideró que con sus US$ 3,5 millones de gastos básicos de promoción anuales era difícil que hubiese tenido una repercusión sustancial en la cuantía y la asignación del total mundial de US$ 160 000 millones que se dedican actualmente a la investigación sanitaria; también se estimó que, al parecer, el Foro no había tenido una influencia significativa en el establecimiento de prioridades para la utilización de determinadas asignaciones, sobre todo a nivel mundial, lo cual constituía un aspecto básico de su misión. (7)
Así pues, ninguno de estos mecanismos cumplió realmente las aspiraciones formuladas por la Comisión de Investigaciones Sanitarias para el Desarrollo y por el Comité Especial sobre Investigaciones Sanitarias con respecto a la coordinación de la I+D en salud.