A lo largo de los años diversos órganos han venido preconizando un aumento de los recursos destinados a actividades de I+D que sean de interés para los países en desarrollo. La CHRD recomendó a los gobiernos que invirtieran un 2% del presupuesto de salud en lo que llamó investigaciones sanitarias
16 Las estimaciones de ventas están basadas en los informes a los inversores de las empresas y en el análisis interno realizado en enero de 2011 por el Consorcio de patentes de medicamentos.
nacionales esenciales, y a los países donantes que dedicaran a la investigación y el fortalecimiento de capacidades en la materia un 5% de su presupuesto de asistencia a proyectos de salud en los países en desarrollo. En 2005, los Estados Miembros de la OMS, reunidos en la Asamblea Mundial de la Salud, aprobaron una resolución en la que se instaba a los Estados Miembros a que «estudiaran la posibilidad de aplicar» esas recomendaciones (35).
En 2001, la Comisión sobre Macroeconomía y Salud preconizó la creación de un nuevo fondo mundial de investigaciones en salud dotado con US$ 1500 millones anuales, así como un aumento equivalente de los recursos económicos que por cauces ya existentes se hacían llegar a organismos como la OMS o alianzas publicoprivadas, hasta alcanzar un total de US$ 3000 millones. Como queda dicho, el volumen total de financiación pública procedente de países desarrollados, pese a haber aumentado sustancialmente, asciende en la actualidad a menos de US$ 2000 millones anuales.
En un primer momento la propuesta de crear un fondo mundial de investigaciones en salud no fue tenida en cuenta, pero el Grupo de Trabajo Intergubernamental sobre Salud Pública, Innovación y Propiedad Intelectual, en sus deliberaciones de 2007 y 2008, contempló la posibilidad de instituir un fondo similar. Dicha propuesta no contó con el respaldo suficiente, lo que se saldó con el compromiso de recomendar la creación del Grupo de Expertos (proceso descrito en el capítulo 1).
Somos conscientes de que la I+D de nuevos medicamentos y tecnologías, aun siendo el eje principal de nuestra labor, no es el único tipo de I+D que se requiere. Como señaló el Relator especial, citado más arriba, existen importantes temas sobre los que es necesario investigar para encontrar el mejor modo de mejorar la salud y la prestación de servicios de salud: es lo que suele llamarse investigaciones operacionales. Las investigaciones epidemiológicas, por ejemplo, son fundamentales para determinar correctamente la carga de morbilidad. En un estudio reciente, TheLancet ofrece datos que llevan a pensar que quizá la mortalidad por malaria sea mucho mayor de lo que indicaban estimaciones anteriores y más prevalente en los adultos de lo que hasta ahora se pensaba. (36) Hay muchos interrogantes sin respuesta sobre las intervenciones que conviene elegir, prácticas terapéuticas alternativas o la modificación de intervenciones clínicas. También es importante la investigación en materia de ética y política sanitaria, por ejemplo sobre las repercusiones económicas. El concepto de investigaciones nacionales esenciales en salud, formulado por la CHRD, lleva implícita la necesidad de ampliar las investigaciones de esta índole.
Nuestro informe se inscribe en el contexto de la crítica situación que atraviesa la economía mundial, sobre todo en países desarrollados que han sido tradicionalmente la principal fuente de financiación de la investigación biomédica (en los sectores privado y público). Ello amenaza con poner fin a diez años de compromiso internacional con la causa del desarrollo, que han traído consigo un gran incremento de la asistencia para el desarrollo destinada a la salud, comprendidas las actividades de I+D en la materia. (37)
Esta situación confiere especial trascendencia a nuestro mandato de examinar más a fondo las cuatro fuentes innovadoras de financiación propuestas por el Grupo de Expertos. Además, evidencia el peligro de depender excesivamente de una sola fuente de financiación, como puede ser la asistencia para el desarrollo, expuesta a los vaivenes de la coyuntura económica y política.
La idea de gravar las transacciones financieras cuenta con el respaldo de un movimiento mundial formado por colectivos universitarios y entidades de la sociedad civil que vienen propugnando un impuesto sobre las transacciones financieras (ITF) para costear bienes públicos mundiales. Heredera de una propuesta formulada por primera vez en 1972 por el Premio Nobel James Tobin para gravar la compraventa de divisas con objeto de atenuar los problemas causados por la volatilidad de los tipos de cambio, (38) la idea gana ahora predicamento como gravamen que se impondría a todas las transacciones financieras. Para sus defensores constituye una respuesta a los problemas técnicos que la reciente crisis ha dejado patentes en la forma de operar de los mercados financieros, así como un modo de obligar a este sector a pagar la parte de impuestos que en justicia le corresponde, en un momento en el que está recibiendo grandes sumas de dinero aportadas o avaladas por los contribuyentes. También es un medio para lograr que un sector que se ha beneficiado de la mundialización y el libre comercio genere ingresos potencialmente cuantiosos, que se pueden destinar al logro de objetivos mundiales de desarrollo o ambientales, comprendidos los sanitarios. Esta idea se ha visto secundada por: un grupo de destacados economistas que escribió una carta al G20 en la que solicitaban su apoyo;17 el Grupo piloto sobre
financiamientos innovadores para el desarrollo, colectivo que agrupa a 63 países y otras organizaciones;18 una coalición de ONG y otras organizaciones;19 y algunos
dirigentes políticos como el Presidente de Francia Nicolas Sarkozy o la Canciller de Alemania Angela Merkel. (39)
Actualmente existe una propuesta para introducir un ITF en la Unión Europea (UE). (40) Tal como está formulada ahora, tiene por objeto financiar el presupuesto de la UE, aunque su efecto podría ser el de liberar recursos fiscales nacionales en los Estados Miembros de la UE que cabría utilizar con fines de desarrollo. Algunos países de la UE y otros varios de la OCDE se oponen a la propuesta. Aunque la opinión general es que sería preferible abordar la aplicación de semejante impuesto a escala mundial (para evitar distorsiones y evasiones fiscales por la relocalización de las transacciones financieras), la Comisión Europea considera factible instituirlo únicamente en la UE. Francia anunció hace poco que instauraría un modesto gravamen sobre la compraventa de acciones de grandes empresas con sede en Francia, que según las estimaciones supondría alrededor de € 1000 millones de recaudación. El Reino Unido tiene establecido desde hace mucho tiempo un impuesto sobre la venta de acciones que actualmente reporta más de US$ 4000 millones anuales.
17 Para más información véase: http://robinhoodtax.org/latest/1000-economists-tell-g20-support-robin- hood-tax.
18 Para más información véase: http://www.leadinggroup.org. 19 Para más información véase: http://robinhoodtax.org.
Hay también otras muchas propuestas para generar fondos destinados al desarrollo o a objetivos ambientales en general, de los que cabría dedicar un porcentaje a la salud y a las actividades de I+D relacionadas con ella. Las Naciones Unidas, que trabajan en el tema y en procesos concretos inscritos en mecanismos innovadores de financiación del desarrollo, han instituido un foro mundial de nuevas iniciativas.20 En 2011 se pidió a Bill Gates que elaborara un informe al
respecto para los líderes del G20 (véase el recuadro 2.3). (42) El G20 concluyó su Cumbre de Cannes de noviembre de 2011 declarando, de forma un tanto ambigua:
«Subrayamos el papel crucial de la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Los países desarrollados deben cumplir sus compromisos de asistencia. Los países emergentes empezarán a prestar mayor apoyo a los demás países en desarrollo o redoblarán sus esfuerzos en este sentido (…) Convenimos igualmente en que, con el tiempo, será preciso dar con nuevas fuentes de financiación para responder a las necesidades de desarrollo y hacer frente al cambio climático. Hemos examinado una serie de opciones de financiación innovadora seleccionadas por el Sr. Bill Gates (…) Varios de nosotros han aplicado o están dispuestos a estudiar algunas de esas opciones. Reconocemos las iniciativas adoptadas en algunos de nuestros países para gravar al sector financiero, por ejemplo instaurando un impuesto sobre las transacciones financieras, con objetivos diversos, entre ellos el de respaldar los procesos de desarrollo.»(43).
En el capítulo 4 examinamos estas cuestiones con más detenimiento. Recuadro 2.3
Innovación eficaz: financiación del desarrollo en el siglo XXI (informe Gates para el G20, 2011)
En el informe que dirigió al G20 en 2011, Bill Gates señala que la principal fuente de financiación del desarrollo reside, con creces, en los propios países en desarrollo, y que estos deberían tratar ante todo de obtener más ingresos de sus propios recursos, reformando sus regímenes tributarios para integrar en ellos, por ejemplo, medidas de mejora de la transparencia y un mayor volumen de ingresos derivados de impuestos por el uso de recursos naturales.
En opinión de Bill Gates, las inversiones en agricultura y salud son las que surtirán más efecto en términos de crecimiento y reducción de la pobreza. Aparte de incrementar el volumen de inversiones, hay mucho margen para lograr un mayor grado de eficacia, por ejemplo dedicando más recursos a evaluar el impacto del gasto actual.
Al mismo tiempo, los países desarrollados no deberían escudarse en la crisis económica para recortar la asistencia para el desarrollo. Gates insta a esos países a cumplir los objetivos en la materia fijados para 2015. Si en esa fecha los países han respetado sus compromisos se habrán generado recursos adicionales por valor de US$ 80 000 millones, y si todos los países hubieran alcanzado la meta del 0,7% de su producto interior bruto (PIB), dicha cifra sería de US$ 170 000 millones. Análogamente, conviene dedicar un mayor esfuerzo a evaluar la relación entre costo y eficacia y determinar cuáles son las intervenciones que mejor funcionan.
20 Para más información véase: http://www.un.org/esa/ffd/overview.
Gates también piensa que el sector privado debería asumir un mayor protagonismo, no solo aportando más recursos por la vía de la beneficencia, sino también invirtiendo directamente. Especial prioridad deberían revestir las inversiones en infraestructuras. Gates propone que los fondos soberanos dediquen un pequeño porcentaje de su capital a invertir en infraestructuras en países pobres. A día de hoy, un 1% de estos fondos, por ejemplo, generaría un mínimo de US$ 40 000 millones anuales, cantidad que además va rápidamente en aumento. Asimismo, convendría instaurar incentivos para que las diásporas invirtieran en el desarrollo de sus países de origen.
A la vez que subraya la importancia de la asistencia para el desarrollo y de las inversiones del sector privado, Gates formula tres propuestas en materia de fiscalidad para que los países sigan invirtiendo en la asistencia para el desarrollo.
Suscribe la idea de «contribución de solidaridad sobre el tabaco» formulada por la OMS, (41) consistente en instituir un nuevo gravamen sobre el tabaco a tipos diferenciales según el nivel de ingresos de cada país (altos, medios o bajos), cuyo importe se destinaría a la salud mundial. Se calcula que tal impuesto podría generar US$ 10 800 millones anuales, además de los beneficios sanitarios derivados de un menor consumo de tabaco.
En segundo lugar secunda la idea de un impuesto sobre las transacciones financieras que podría reportar US$ 9000 millones solo en Europa, US$ 48 000 millones en los países del G20 o muchísimo más si su aplicación fuera más amplia y ambiciosa.
En tercer lugar aboga por una tasa sobre el carbono, lo que incluye, a medio plazo, impuestos más elevados sobre el combustible de buques y aviones, que en conjunto podría reportar anualmente más de US$ 50 000 millones.
Fuente: Gates W. Innovation with impact: financing 21st century development.